Jane De La Cruz

Dignidad para Jeanine

jueves, 26 de agosto de 2021 · 05:09

La empatía es la capacidad de posicionarse en los sentimientos y las necesidades de otra persona por encima de todo tipo de condicionante abstracto o de facto. Es decir, más allá de la edad, la raza, la clase social, la ideología mística, religiosa o política. Porque en sí, se reconoce que los seres humanos comparten ciertas emociones y necesidades todos por igual. Tanto el recién nacido en China, como el anciano en Suecia; tanto la mujer de pollera en Sacaba, como Jeanine Añez en el penal de Miraflores.

Las investigaciones científicas en torno al centro cerebral conocido como Amígdala nos demuestran que ésta es una oficina de interpretación. Allí llegan todos los estímulos exteriores para ser traducidos en emociones, que a su vez determinarán una reacción fisiológica. Así percibimos lo que sentimos y en la mayoría de los casos, lo que necesitamos hacer para conseguir volver a un estado de armonía y equilibrio. Las conexiones neuronales que en un individuo se van desarrollando a lo largo de su vida y que programan los procesos interpretativos en la Amígdala, no suceden porque sí. Es una especie de condicionamiento producido por la familia, las instituciones educativas y las interacciones con el círculo social inmediato.

Ahora bien, intentemos traducir este esquema de lo individual a lo colectivo. Los grupos sociales interpretan la realidad desde las conexiones neuronales que, por su condicionamiento en común, comparten. Es así como Bolivia se encuentra polarizada en estructuras interpretativas perfectamente aisladas. Esta polarización ha llevado a una especie de desorden en cuanto al acato de normas universales pensadas para el bien común, porque en los polos se vienen reprogramando paradigmas y normas a conveniencia de la propia legitimidad del grupo. Para el oficialista, la ética, la moral y la justicia deben ser entendidas como un acto de destierro y castigo hacia el racista colonizador y privilegiado. Para el opositor, la ética, la moral y la justicia deben ser entendidas como un acto de aplacamiento y domesticación de lo salvaje en pro del status quo impuesto por la visión de mundo que la iglesia católica demarcó en su momento.

¿Qué o quién es nuestra Amígdala social? Los medios de comunicación y desde hace un buen tiempo, las redes sociales. Dependiendo de qué medio se trate, veremos a una Jeanine Añez romantizada en posición de privilegio dentro de la cárcel o a una Jeanine Añez en un show de Big Brother que transmite 24 horas al día su agonía. Tanto la romantización por parte del gobierno, como la fatalidad por parte de los otros son el input eléctrico que tiene como fin desencadenar las reacciones fisiológicas en todos y cada uno de los individuos pertenecientes a cualquiera de los polos. Lo que ambos provocan es ira. A los oficialistas les provoca ira ver, que quien firmó un permiso para masacrar, se encuentre en una posición de mayor privilegio que cualquier otra reclusa pobre en el mismo penal. A los opositores les provoca ira ver, que quien tuvo el valor de asumir el desastre que dejó la máxima dirigencia del MAS al huir del país y/o refugiarse en alguna Embajada, se la degrade a golpista y genocida. Si la Sra. Amparo Carvajal llora afuera del penal, lo que provoca en ambos polos es ira. Estamos hablando aquí, de una empatía en negativo.

Mi propuesta es resignificar esa ira y ejercer una empatía positiva. Es decir, salir del polo y volver al núcleo del asunto: si lo que se pide es justicia por vidas perdidas, lo que corresponde es un juicio de responsabilidades justo y no una tortura pública para alimentar la ira nacional que tiene como único fin, darle más poder al poder. Porque la única verdad, es que Jeanine Añez va a morir, asesinada como el máximo chivo expiatorio de una crisis ideada y calculada por la sociedad política, para ser finalmente ejecutada por el propio pueblo. Yo pido dignidad para Jeanine Añez, aspecto basal de la definición de un derecho humano. Lo mismo pediría para Evo Morales y Álvaro García Linera, el día en que ojalá, paguen por sus delitos. Porque lo único que estamos haciendo como país, es dejar un capítulo de absoluta deshumanidad, que la historia jamás nos absolverá.

Jane De La Cruz es artista y activista defensora de DDHH.

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