Pedro Portugal Mollinedo 

El sube y baja de Eva Copa

miércoles, 4 de agosto de 2021 · 05:10

“Popularidad de Copa se desploma en dos meses, según encuesta” fue el título de una noticia a mediados del pasado mes, que difundía un sondeo de Captura Consulting. La aprobación de la alcaldesa de El Alto, Eva Copa, en poco más de dos meses de gestión, habría descendido al 41%.

Inquietante, si tomamos en cuenta que Copa ganó los comicios con el 68,7% de los votos y si comparamos ese resultado con los de otros alcaldes de oposición: los de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, Iván Arias, Manfred Reyes Villa y Jhonny Fernández, respectivamente, que tienen una aprobación del 53%, 73% y 66%, respectivamente.

¿Se desploma Eva Copa? Es prematuro afirmarlo. El sube y baja es una constante política. Lo inquietante sería que la baja se consolide. El descenso en la aprobación de su gestión es un llamado de atención sobre omisiones y errores que, si son corregidos, pueden más bien remontar la valoración sobre su gestión y consolidar la necesaria referencia de líderes estables en la ciudad de El Alto.

Irónicamente, la razón de la fortaleza de Eva es la misma de su declinación. Leopoldo Chui, presidente de Jallalla y actual asambleísta departamental -quien de tutor de Eva pasó a ser uno de sus más acerbos críticos-, atribuye esa caída al nombramiento como subalcaldes de “tictokers” y músicos. El fondo de esa crítica se hizo evidente antes, cuando Copa promovió el nombramiento Iris Flores como presidenta del Concejo Municipal. Iris Flores es una joven de 20 años de edad y sin experiencia profesional.

El motor del ascenso de Eva Copa fue la juventud alteña, sector dinámico y de agudo espíritu crítico. Pero no es la única población en esa ciudad. Los de edad madura provienen generalmente de áreas rurales; transportan con ellos costumbres y valores tradicionales. Sin embargo, al migrar lo hacen también por una alucinación sobre el mundo urbano, como depositario de nuevos conocimientos y valores. No existe en esa población –contrariamente a los mitos posmodernos y culturalistas- una obsesión por mantener las “raíces”. Fruto de ello es una sociedad confusa: gente mayor con ansias de modernidad, pero con legado tradicional y gente joven que asume valores modernos y posmodernos, para quienes lo ancestral es más lastre que incentivo.

Eva Copa es joven y fue la juventud, especialmente los de la Universidad Pública de El Alto, su principal apoyo político. Sin embargo, la relación de la alcaldesa con su base política no asume características contemporáneas y creativas, sino que reproduce los estereotipos de las viejas generaciones: el clientelismo. El esquema imperante se expresa en una estratificación racializada, en la que cada segmento busca ventajas, de poder una, de sobrevivencia la otra. El criollo como el indígena se gremializa, lo que conlleva una ficción de Estado. En ese esquema la juventud exige lo mismo que sus mayores: “pegas”. Y la administración municipal alteña, lejos de tomar el vigor juvenil como innovación que pueda asegurar una administración diferente, la castra al asimilarla a lo que la que debería diferenciarla de sus mayores.

Esta situación se vuelve más caótica por la injerencia de las ONG, instituciones y cooperación internacional, mundo supraestatal que determina las líneas maestras del comportamiento administrativo en Bolivia. Las consignas del momento son –entre otras- la identidad cultural, derechos de las mujeres y de los jóvenes. Ello en sí no es repudiable, por el contrario, señalan aspectos en los que hay que trabajar urgentemente. Empero, su inspiración y tratamiento se asientan en fijaciones exógenas que producen resultados paralizantes por lo contradictorio de sus premisas. 

Así, es parte del imaginario impuesto que el mundo indígena respeta la “sabiduría” de los ancianos, cuando en situaciones compulsivas como las de El Alto se da más bien contradicción entre viejos y jóvenes. Se mitifica el “chacha warmi”, a tiempo que se alienta la emancipación de la mujer en términos grotescos, como los del grupo Mujeres Creando. Se mistifica el Suma Qamaña, mientras la energía de los alteños se expresa expandiendo la mancha urbana a costa del medio que la rodea.

Las dificultades de Eva Copa pueden transformarse en una ventaja si sabe cómo tratar –creativa e innovadoramente- esta situación. Así, llegaría a ser respuesta exitosa en la administración municipal local, y quizás también alternativa de poder nacional.

Pedro Portugal Mollinedo  es fundador de Pukara y autor de  ensayos y estudios sobre los  pueblos indígenas de Bolivia.
 

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