Iván Camarlinghi

Julio 2021: triste democracia

lunes, 9 de agosto de 2021 · 05:10

El martes 13 de julio de 2021 será recordado como “Martes Negro” para la Democracia del mundo libre porque ese día fueron asesinados el Presidente de Haití en Puerto Príncipe y el periodista holandés  V. de Fries, conocido como “periodista del crimen”, porque se dedicó a investigar graves crímenes.

La muerte de Juvenel Moisé a 4 meses de las elecciones para nuevo mandatario en el país caribeño (más pobre de América) sembró dudas sobre la democracia haitiana y constató que es un sistema lejos de estar consolidado: nación asolada por dictaduras, terremotos, huracanes, corrupción y hasta brujería santera, esa que practican algunos mandatarios centroamericanos.

Julio parece ser un mes clave en la historia, basta recordar que ese mes se produjeron las revoluciones francesa y americana a finales del siglo XVIII; más recientemente, también en julio triunfaron las revoluciones sandinista (19 de julio) y el golpe militar del 17 de julio, que aunque no fue una “revolución”, fue un giro a la ultra derecha de la frágil democracia boliviana en los 80.

En julio de 1968 también se produjo la Revolución de París en que jóvenes descontentos protestaron contra el “establishment” de esa época, lanzando frases tan atrevidas como “desabróchese el cerebro, tantas veces como se desabrocha la bragueta del pantalón”, o “la imaginación al poder”, “sean realistas, pidan lo imposible” y otras, no menos importantes. En el siglo XIX, julio fue también el mes de las Proclamas de la Junta Tuitiva de Pedro Domingo Murillo en La Paz contra el Reynado de Carlos V y la Revolución de “Magio”, contra el mismo poder imperial, pero en Argentina.

No sólo son acontecimientos históricos del mes de julio, coinciden porque fueron sucesos que marcaron tiempos. En Bolivia los golpes de Pereda, García Meza y contra Villarroel fueron en julio y ese mismo mes fueron los magnicidios de Villarroel y Marcelo Quiroga. Parece que la historia tiene una cita con el mes de julio, quizás habrá que esperar a julio de 2022 para algún acontecimiento que tuerza el curso de lo que hemos estado viviendo, porque el mes de julio de este 2021 ya pasó hace muy poco con los trágicos resultados descritos. Los asesinatos de Moisé en Haití y V. de Fries en Holanda  muestran la descomposición social, política y económica en que se encuentran nuestras sociedades. 

Nadie se puede sentir seguro ni siquiera dentro de sus residencias presidenciales. Ser periodista sigue siendo una profesión muy peligrosa en el mundo actual, lo demuestran los asesinatos semanales de periodistas en México y en otros países en los que es más seguro ser sicario, violador, narcotraficante, terrorista o gobernante autoritario. A pocos les parece interesar que en Myanmar los militares sigan masacrando a centenares de ciudadanos desde el golpe que dieron el pasado mes de febrero a la presidenta constitucional y Premio Nobel de la Paz, a pesar de la oposición de la ONU y de la mayoría de los estados vecinos.

Son más importantes las aburridísimas e interminables conferencias de prensa del presidente mexicano López Obrador o el “silencio bastante parecido a la estupidez” del Presidente de Bolivia, Luis Arce, que los feminicidios que azotan a diario a mujeres de todo el mundo y las decenas de miles de inmigrantes árabes que llegan a las costas europeas, escapando de sus infiernos locales. Es más importante saber en qué equipo jugará Leo Messi la próxima temporada europea que la cantidad de presos políticos en Cuba, Venezuela, o en Bolivia, en los que incluyen a la ex Presidenta Añez, ex ministros, militares, policías y otros que participaron en el movimiento “Las Pititas” que derrocó al dictador Evo Morales luego de 21 días de protesta cívica y ciudadana, por el monumental fraude del 20 de octubre de ese año.

El mundo tiene que cambiar: la indiferencia de muchos y el poco interés de pocos, nos están llevando a un mundo cada vez más peligroso, contaminado de virus, bacterias, hongos y partículas contaminantes: indolencia de sociedades civiles, banqueros, empresas, ONG’s, gobernantes y gobernados a los que parece solamente importarles el pan diario o el sicariato de la jornada, pero les interesa muy poco el bienestar de todos los bolivianos, la educación de los niños o una salud integral para ancianos, bebés y madres embarazadas del tercer país más pobre del continente.

Ante una realidad tan desesperanzadora dan ganas de imaginar que pudiera surgir un gobierno mundial o un ente supra-nacional quizás dirigidos por seres de otros planetas encargados del bienestar mundial, de sus habitantes, animales y su naturaleza, y que estos y otros problemas sean prioritarios aunque no alcancen los recursos profesionales, ni materiales ni intangibles para solucionar todos ellos de una sola vez. Entonces, el futuro sea menos sombrío y más optimista para hacer que los hombres, animales y plantas de esta tierra sufran quizás un poco menos que ahora.

 

Iván Camarlinghi es  diplomático y periodista.

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos

19
4

Otras Noticias