Franz Xavier Barrios Suvelza

¿Qué es lo que impulsa al ministro Lima a estropear el sentido común?

sábado, 11 de septiembre de 2021 · 05:09

Cuando escucho al ministro Lima, me intriga el por qué de sus absurdos analíticos. No puede estar senil pues está lejos de la edad para ello. Tampoco podría ser por ignaro pues ha realizado estudios jurídicos. Menos podría ser por locura, pues ningún peritaje serio podría diagnosticarle tal cualidad. Solo quedan pues las siguientes posibles impericias del alma: o es por negligente, o cínico, u obsecuente, o fanatizado o finalmente por necio, o las cinco impericias juntas o una combinatoria parcial de ellas. Mi raciocinio se basa en sus respuestas recientes en una entrevista a raíz de un potencial juicio a Mesa por el tema Quiborax.

Muy relajado argumenta el Ministro Lima que lo que simplemente se pide es que Mesa se abra a una investigación y anuncia que la misma no estará trucada porque finalmente la encaminarían fiscalía y jueces. En otras palabras nos dice sin ruborizarse: „no se preocupen pues la garantía está en…¡Lanchipa!“.  Y es a más tardar ahí donde nuevamente me pregunto: ¿Lima es cínico, obsecuente, negligente, fanático o necio? Cuál es su gracia, por Dios. Descarto lo de negligente porque se advierte que ha tenido cuidado en armar con esmero sus esperpentos argumentativos. Poco importa, ¿quién en su sano juicio puede creer las operías con las que Lima nos embadurna hace meses? Pues está claro que ni los jueces secuaces del MAS que atenderían un juicio a Mesa, ni esa marioneta de Fiscal General, el hermano Lanchipa, pueden ser garantía de nada.

La combinación de las impericias del alma mencionadas, por supuesto que no solo buscan nido en el ajayu del ministro Lima. Éste tiene como aliados unos receptores/emisores de información que comparten con Lima una o todas estas impericias. Lo prueba la repetición de la leyenda de que la Sra. Añez se hubiera encaramado al poder “sin quórum“. La prensa e intelectuales para-masistas y demás monaguillos del proceso de cambio regurgitan embelesados esa leyenda. Incluso los expertos del GIEI cayeron en la trampa y la repitieron.

Fueron más allá pues se inventaron normas bolivianas. Ellos se inventan (p. 27) que para iniciar la cadena de sucesión prevista, el Art. 169 —u otro que no citan porque no existe—, supuestamente establece que se debe “elegir“ un presidente del Senado (imagínese uno: de ser así ni Salvatierra hubiera sido apta suponiendo que no renunciaba). Y añaden que ese mismo artículo —u otro que no citan porque no existe— mandaría que la consumación misma de la cadena de sucesión supondría un “quórum“ de la Asamblea Legislativa. Nada de eso está establecido en ninguna norma boliviana.

El GIEI aquí ha redactado su propia constitución boliviana. De estos inventos el Informe del GIEI colige, erróneamente, la fantochada de “quórums“ que en ningún lugar de las normas bolivianas se exigen para esas circunstancias. Si bien correspondía leer la renuncia de Morales ante la Asamblea (Art. 161/3) si la causal de la renuncia se consolidaba, todos los analistas pro-Evo se olvidan que el renunciante del domingo 10, se hizo humo el lunes 11. Esto hizo que la figura de la ausencia se sobrepusiera a la de la renuncia (que también se produjo).

El Art. 170 —disposición que los opinadores para-masistas omiten a propósito— aclara que la cesación de mandato no solo se da por renuncia, sino por otras figuras, como la “ausencia“ y como todas las causales —que suman nada menos que seis–  tienen igual jerarquía y pueden confluir, el derecho debe aplicar alguna llave para dirimir la colisión. Así, si bien siguiendo el Art. 161/3 la cesación de Morales dependía de la aceptación de su renuncia del domingo 10, dejó de hacerlo el lunes 11, que es cuando el Jiliri fuga.

La fuga de Morales hizo que, sobre la renuncia, se montara una nueva causal, la de la ausencia. En ninguna parte de la CPE dice que la ausencia por huida “se conocerá ante un quórum“. El Art 169/I, por su lado, dice que en caso de ausencia (definitiva), se aplica la cadena por todos conocida. El primer eslabón en esa cadena es el Senado que, ante renuncias de sus dos primeras cabezas, quedó automáticamente presidido por la segunda vicepresidenta como efecto del reglamento del Senado vigente.

Obviamente, los opinadores pro-Evo soslayan este llenado de la cabeza senatorial por efecto ipso jure. Lo callan pues no les conviene. Si Morales no huía, la segunda vicepresidente no hubiera jugado más rol que el de ser presidenta a.i. del Senado, pero al éste huir a sólo horas de renunciar, y generar así una grave ausencia de mando en un Estado en pleno infarto, esta segunda vicepresidenta adquirió la función de primera válvula jurídica natural para cerrar el vacío de poder.

Llegados aquí no falta el para-portavoz masista que se emociona de constatar que “en solo unos segundos se auto-coronó la dama“. No entienden que el reglamento del Senado, según su Art 41/a, en ningún lugar exige que el reemplazo en la directiva del Senado se haga con “quórum“; que la asunción de ese cargo por ese mecanismo —según ese mismo reglamento— no implica una “proclamación“; que la salvaguarda de que la presidencia el Senado esté en manos de la mayoría —siempre según el mismo reglamento— se aplica sólo para la conformación inicial de las directivas (Art. 35/II) y no cada vez que una de las cabezas se ausenta; y que esa conformación se hará una vez por periodo (Art.35/I), y no cada vez que a uno se le antoja. Solo si la segunda presidenta hubiera renunciado, se activaba recién el siguiente eslabón de sucesión del Art. 169/I (cámara de diputados).

Hay una raíz cultural profunda adicional de por qué algunos no quieren entender esta fría mecánica de automatismos legales. Tal raíz está en la tradición de un izquierdismo barato que, por ejemplo, no dudará en tildar de obscena una técnica probada del derecho como el “silencio administrativo“ por el solo hecho de que eso del „silencio“ los perturba por prescindir del chillerío participativo. Cuando la Sra. Añez asumió la presidencia pudo haber estado acompañada de solo una polilla y el proceso entero pudo haberse hecho en un nano-segundo: no se hubiera alterado en nada la mecánica legal prevista.

¿Por qué los entrevistadores no leen el reglamento del Senado para retrucarle a Lima cuando éste suelta sus operías? ¿Flojera? ¿Ceguera mental? ¿Fanatismo? ¿Interés corporativo? ¿Resentimiento? Resulta pues que en estas aguas de comunicación post-evista/post-murillista, la verdad no saldrá a flote pues sobre la superficie se ha tendido una madeja de algas tenaces y babosas hilvanadas por funcionarios de primitivos reflejos vengativos aupados por opinadores sólo aparentemente ecuánimes pues no son menos rencorosos, todos ellos mezclando afanados en un brebaje azul los licores de todas la impericias de alma que ya he mencionado.

 

Franz Xavier Barrios Suvelza es economista.

 

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