Enrique Velazco Reckling

Capos en «ningunear siempre, debatir nunca»

miércoles, 15 de septiembre de 2021 · 05:08

Sin mencionarme, en una columna de opinión (Analistas zombis, P7, 09.09.21), el economista Miguel Marañón ironiza mi artículo “Bolivia necesita transformación, no reanimar zombis” (P7, 31.08.21). Agradezco su tiempo para leerla, pero lamento que un profesional recurra a la falacia ad hominem, habitual en personas incapaces de debatir con ideas y conceptos.

Para Marañón, el modelo económico contradice las recomendaciones del FMI, lo que habría sido suficiente para que los conocimientos teóricos de los analistas –entre los que me incluye, no les permitan entender la realidad del país. Pero si lee los informes del FMI bajo el Articulo IV, en general encontrará que Bolivia adopta el mantra neoliberal del FMI: “una meta (inflación) y una política (monetaria)”. El modelo sigue las recomendaciones recurrentes del FMI que tienen, como denominador común, controlar la inflación, aumentar recaudaciones tributarias, profundizar la financiarización, y proteger la estabilidad financiera, sin referencia alguna a la creación sostenible de empleo. Difieren, si, sobre el tipo de cambio fijo, medida cada vez menos popular para la economía productiva.

Me tilda como analista que “solo ve crisis”, porque sostengo que, en los últimos 20 años, creció el PIB pero el bienestar no mejoró, “percepción que puede ser refutada con otra percepción individual”. Él, y muchos economistas, harían bien en recordar que, en general, para la amplia mayoría de la población, el vivir bien parte por el acceso a un empleo permanente, dignamente remunerado, con la certeza de una jubilación, y de un futuro posible para los hijos. Por eso, creo que la salud de la economía no se mide por su tasa de crecimiento, sino por su capacidad de satisfacer esas necesidades de bienestar de las personas.

Con este criterio como referente, invito al licenciado Marañón a revisar los datos oficiales para establecer si, con el alto crecimiento del PIB desde 2004, se redujo la precariedad del empleo; si aumentaron el empleo y la productividad del trabajo en actividades creadoras de valor; si creció la participación de la remuneración a los asalariados en la distribución del ingreso; si subió la participación del gasto en consumo final de los hogares; si la producción nacional desplazó a importaciones en la oferta total; si las utilidades del sistema financiero superaron todos los records de “tiempos neoliberales”; si el saldo medio en cuentas de ahorro menores aumentó, y si sus deudas bajaron; si los bonos compensan la reducción en ingresos que implica la presión tributaria; y, especialmente, si hemos repuesto, en alguna medida, los 10 o más TCFs de gas que quitamos a las generaciones futuras para alimentar nuestro consumismo.

Como mi propósito con esta nota, es alentar un debate reflexivo con el licenciado Marañón, para evitar confusiones, y anticipando futuros diálogos, le aclaro mis antecedentes.

No soy economista, pero creo que la economía es demasiado importante para dejarla a los economistas. Recibí mi doctorado en físico-química en Estados Unidos; posteriormente, el Premio RANK (Inglaterra) por mi descubrimiento de sistemas LASER de alta potencia (calificado como una “sobresaliente contribución a la ciencia de la Opto-Electrónica”). Me intereso en el desarrollo productivo porque, en dictadura y con hiperinflación, en 1980 fui parte de una empresa que surgió, literalmente, de cero. La levantamos sin un centavo de crédito, usando ética, ingenio, creatividad, y mucho trabajo. Presidí la pequeña y mediana industria –en Bolivia y en la región andina, experiencia que me hizo ver que somos un Estado anti-emprendedor, con una institucionalidad disfuncional para la diversificación productiva; y que estamos a la cola de América Latina, no por limitantes reales, sino por el “que-me-importismo” académico que apaña la incapacidad de los gobernantes.

Con estos antecedentes, como persona, rescato los aprendizajes de transformaciones exitosas –Corea del Sur o China, por ejemplo, procesos en los que “el cambio crítico no fue la captura de la estructura de poder, sino la implementación, socialmente inclusiva, de ideas nuevas por quienes tomaron el poder.”

Invito al licenciado a que, dejando de lado arengas y clichés, aportemos con nuevas ideas.

Enrique Velazco Reckling es investigador en desarrollo productivo.

 

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