José María Cabrera

Lo subnacional y el poder de las palabras

miércoles, 15 de septiembre de 2021 · 05:10

Hace ya más de doscientos años el célebre lexicógrafo y ensayista inglés Samuel Johnson afirmó que el lenguaje es el vestido del pensamiento, de manera que, detrás de las aparentemente ingenuas palabras, éstas más bien traerían aparejadas consigo, auténticas ideologías y sistemas de comprensión del mundo.

Tiempo después, Napoleón Bonaparte diría que la repetición es la más vigorosa de todas las figuras retóricas. Así, el uso de determinadas palabras y su persistente repetición son una sutil y muy poderosa manera de distorsionar el entendimiento de la realidad e incidir en el curso de los acontecimientos.

En Bolivia y para el caso, son muchas las innovaciones lingüísticas que se pergeñan deliberada y conscientemente para condicionar el entendimiento de nuestra realidad, palabras que son luego repetidas irreflexiblemente por otros, y créanlo o no, hasta  por muchos cándidos opositores a estos sistemas de pensamiento, y también por un grupo mayoritario de periodistas, con lo cual el resto de la población queda a merced de los estragos que la prestidigitación del lenguaje provocará en su comprensión de la realidad.

El término subnacional  es una de éstas nada ingenuas palabras, que sin estar ni siquiera mencionada en nuestra Constitución, ni tampoco en la Ley Marco de Autonomías, ahora reina como natural y evidente para referirse a los gobiernos subnacionales, elecciones subnacionales y todo lo que tenga que ver con los gobiernos autonómicos departamentales y municipales, principalmente; habiendo así, lo subnacional suplantado por completo a lo autonómico.

Esta sutileza del lenguaje es devastadora para la ideología libertaria contenida en la corriente descentralizadora y autonomista, pues el término subnacional transmite la idea de que los gobiernos autonómicos  están por debajo y son subalternos respecto del centralismo, noción que no tiene ninguna correspondencia con lo establecido en nuestra actual Constitución, que superando al sempiterno Estado centralista, por vez primera introdujo, inclusive desde su propio artículo primero, un complejo sistema para un Estado descentralizado y con autonomías, además de establecer todo el Libro Quinto de la misma para desarrollar cuatro niveles de gobiernos autonómicos.

Así, el término subnacional viene a constituirse en un resabio del pensamiento centralista, secante y totalitario, que fue superado con la reforma constitucional del 2009, y todos quienes se adscriben en esa reivindicación autonómica y libertaria reconocida por la propia Constitución, no pueden repetir ni acuñar en ninguna de sus expresiones la referencia a gobiernos subnacionales, sino más bien autonómicos, así como tampoco a elecciones subnacionales, sino también autonómicas, y así tender a generalizar y normalizar el uso constitucionalmente correcto de los términos que finalmente contienen a los valores y principios del Estado Autonómico, inserto en nuestra Constitución, ¿o es que acaso pretendemos retornar al centralismo?

José María Cabrera es abogado constitucionalista

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