Roberto Laserna

El Tratado «Lincoln – Linares» de 1858

jueves, 16 de septiembre de 2021 · 05:10

Alguna vez escuché al ex Presidente Gonzalo Sánchez de Lozada afirmar la existencia de un Tratado de Libre Comercio y Libre Circulación de Personas entre Estados Unidos y Bolivia. Decía que éste había sido acordado durante las presidencias de Abraham Lincoln y José María Linares.

Nunca se encontraron ambos presidentes, pero sus periodos sí coincidieron en el año 1861, que fue el último de Linares y el primero de Lincoln. El ex Presidente insistía en que era un acuerdo sumamente amplio y ventajoso y que podía servir de base para ampliar y mejorar las relaciones comerciales, incluyendo las relacionadas al desarrollo de una marina mercante boliviana.

Varias veces hice búsquedas de dicho Tratado en los viejos libros que quedaron en la biblioteca de mi abuelo y, por supuesto, en internet, sin éxito alguno. Hace unos días, Juan Cristóbal Urioste, que sabe mucho de leyes, encontró la referencia exacta. El Tratado había sido efectivamente negociado durante el gobierno de Linares, pero fue ratificado cuatro años después, en el caso de Bolivia durante el gobierno de José María de Achá, en 1862. Tiempo atrás ya había sido aprobado por el Senado de los Estados Unidos, que introdujo algunos cambios que fueron también aceptados por Bolivia.

En efecto, mediante Ley de 8 de noviembre de 1862, el Congreso boliviano ratificó el Tratado, que había sido negociado entre John Winchester Dana, como Ministro Residente de los Estados Unidos en Bolivia, y Lucas Mendoza de la Tapia, como Ministro de Relaciones Exteriores. El texto completo del Tratado que entró en vigencia ese día se encuentra inserto en dicha Ley y su lectura resulta sumamente interesante.

Es un tratado de paz y amistad en el que, además, ambas naciones se conceden mutuamente los más amplios derechos de navegación en sus puertos y ríos, y de comercio de exportación e importación tanto al por mayor como al detalle. También otorgan mutuamente derechos de circulación y residencia a los ciudadanos de ambos países en los territorios de su jurisdicción. Es un Tratado muy centrado en cuestiones de navegación y por supuesto se comprometen a auxiliar a sus embarcaciones en caso de que sufran naufragios o ataques de piratas o corsarios.

Como me lo hizo notar el diplomático Raúl Barrios, era un tratado habitual que promovía Estados Unidos para dinamizar su apertura hacia el mundo y seguramente lo acordó con muchos otros países. El hecho mismo de que lo firmara el Ministro Residente en La Paz sugiere que la propuesta llegó ya redactada desde Washington en busca de las contrapropuestas bolivianas.

Alertado por el mismo Barrios, encontré una referencia en el libro de Jorge Gumucio Granier, “Estados Unidos y el mar boliviano” que menciona el Tratado por la fecha en que se finalizó su primera redacción, el 13 de mayo de 1858, pero da muy pocas referencias adicionales sobre el mismo, salvo los nombres de los negociadores.

Lo más interesante del documento, que era lo que Sánchez de Lozada resaltaba con insistencia, es que incluye con claridad cláusulas de “la nación más favorecida”. Estas cláusulas establecen que si una de las naciones firmantes otorgara condiciones más favorables que las establecidas en el Tratado a una otra nación en el futuro, de inmediato esas condiciones se aplicarían también a la nación con la que se estaba firmando el Tratado. Es decir, si a partir de ese momento Estados Unidos o Bolivia aplicaran condiciones de visa, ciudadanía, inversiones, patentes o lo que fuera a los ciudadanos de otro país, automáticamente se aplicaban esas mismas ventajas a los ciudadanos de Bolivia o de Estados Unidos, respectivamente.

El Tratado tenía una duración de diez años y sólo podría suspenderse pasados esos diez años con una comunicación formal que propusiera su finalización, con un año de anticipación. De otro modo, su vigencia se mantenía sin necesidad de ratificaciones posteriores.

Sería interesante revisar la documentación de ambas cancillerías para determinar si el Tratado, aunque fuera olvidado, sigue vigente.

Por ahora, he podido ver que en 1927 se planteó renovar el Tratado con nuevas provisiones; que en 1934 Bolivia aludió al Tratado para reclamar el embargo de las armas que había comprado para librar la guerra en el Chaco, y que en 1946, mediante notas reversales, Bolivia renunció a aplicar la cláusula “más favorecida” en relación a las concedidas ese año por Estados Unidos a Filipinas, que había ejercido un papel clave en la Segunda Guerra Mundial.

Las relaciones entre Bolivia y Estados Unidos tuvieron luego fuertes altibajos y es posible que nuevos acuerdos hayan ido modificando el que aquí comentamos, pero es también posible que algo sustancial pero no aprovechado permanezca todavía, y pueda ayudarnos a establecer vínculos de mutuo beneficio. 

 

Roberto Laserna es investigador social de CERES.

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos

Otras Noticias