Nicolas S. Freitas

Programa Ocupacional Fénix

jueves, 16 de septiembre de 2021 · 05:07

Donde hay un problema, que haya un trabajo.

De que vale darle mas papel moneda al trabajador cuando no hay producción, cuando no hay servicios eficientes, cuando no hay seguridad, higiene, salud y bienestar para invertir ese papel moneda. Eso es una estafa piramidal que no lleva a ninguna parte.

Uno mira por las calles (ahora peor por la pandemia) a centenares de personas tratando de sobrevivir, limpiando parabrisas, vendiendo dulces, lustrando zapatos, vendiendo artesanías, exponiendo su arte o haciendo malabares. No me malinterpreten, estos oficios no tienen nada de malo y de hecho el ciudadano tiene el derecho de intentar buscarse la vida por sí mismo mediante el espíritu del emprendimiento, pero cuando uno no puede levantarse solo y no encuentra una salida a la pobreza; necesita ayuda y guianza.

Nadie sale de la pobreza verdaderamente con los oficios que se practican habitualmente en nuestras calles para sobrevivir, la caridad (solidaridad) no es suficiente, porque estos oficios no están creando un verdadero valor económico y social que esté en demanda constante por el mercado (sociedad). Ni están otorgando cimientos estables a la gente que los practica para conseguir seguridad financiera y libertad económica.

El Estado debe guiar a su gente por el bien común, no controlarla por el bien propio.

La solución no es justificar o demonizar románticamente a la mendicidad, es combatirla con inteligencia y darle opciones a la gente que esta en esa situación, pero opciones sostenibles.

Porque no me refiero a tener 20 empleados públicos para cambiar un bombillo de una luz que nadie usa, ya que dónde la economía no se racionaliza, nada alcanza, nada dura, nada funciona.

El objetivo de este programa debería ser intentar alcanzar el mayor nivel de autonomía y sostenibilidad para ser una solución real en lugar de un parche utilizable para populismos partidarios que tapan al sol con un dedo y solo benefician a sus dirigentes. Creando mecenazgo y clientelismo político en lugar de clase media y soberanía individual. Su autonomía ademas garantiza a que el centralismo no deshaga este programa en tiempos duros. Es inevitable que el programa dependa del presupuesto publico en un principio, pero es un suicidio esperar que lo haga por siempre.

Todo aquel que quiera un trabajo en este país debería poder obtenerlo y no ser abandonado a su suerte. Pero creando esos oficios con inteligencia, prudencia, perspectiva y criterio.

El objetivo de un gobierno no debe ser enfrentar al trabajador y al empleador por su conveniencia política momentánea, debe ser buscar formas lógicas (más que emocionales) de aliarlos por el Bien Común de la Unión. Para que mediante el orden, el esfuerzo y la diligencia; la economía, la clase media y la unión se fortalezcan mediante el espíritu del emprendimiento e industria.

Etapas de Adaptación:

-. 1era Etapa: Se recibe alojamiento en barracas comunes (que deban ser mantenidas por sus propios habitantes) y un sueldo por oficios que beneficien a la ciudad, se aplica a trabajos que no requieran tantas especializaciones, en este periodo de tiempo se crean expedientes para calificar la diligencia, inteligencia y carácter del aplicante. En las barracas deben existir guarderías y escuelas. Una persona debería ser bienvenida a vivir así el tiempo que necesite pero no debería para nada ser incentivada a quedarse ahí. Idealmente se los debería incentivar para moverse a la segunda fase del programa.

-. 2da Etapa: Aquellos trabajadores que hayan demostrado después de uno a dos años carácter e inteligencia deberían poder acceder a cursos subvencionados para conseguir especialización en oficios manuales que estén en demanda y paguen mejor, después de 6 meses a 1 año de estudio y mientras continúe con sus labores podrán aplicar a esos trabajos habiendo vivido en total de 2 a 3 años en las barracas.

-. 3era Etapa: Después de haber pertenecido 3 años al programa, tener su especialización y haber demostrado una capacidad de ahorro; deberían poder acceder a créditos de vivienda para salir de las barracas y tener su casa propia, porque la verdadera riqueza del trabajador es su soberanía y su soberanía es su propiedad privada.

Este programa no debe ser un bastón eterno de supervivencia, debe ser una muleta de saneamiento. Tampoco debe negarle sus puertas a los migrantes que viven en las calles de la nación, porque guste o no, son parte de esta tierra mientras estén aquí y el gobierno debería intentar volverlos útiles y darles la opción de ser productivos mientras decidan quedarse en esta tierra. Aquellos que se recuperen gracias a este programa deben esperar que sus hijos jamás tengan que hacerlo, no porque el pertenecer a esto tenga algo de malo o sea motivo de vergüenza, sino porque ya ellos deberán estar mas especializados para competir con la economía global y digital de forma más especializada y que mediante esa competencia su calidad de vida florezca para que las calles sean un recuerdo lejano. Además que con más gente laboral en estado activo la sociedad tendrá mas posibilidades de enfocarse en los ancianos y discapacitados que no pueden trabajar.

Una parte clave de este programa además es guiar a aquellos trabajadores que pertenecen a industrias que están desapareciendo (ya no son rentables, sostenibles o útiles) a encontrar nuevos sectores del mercado que tengan demanda y de ser necesario ayudarlos a especializarse para lograr adaptarse a un mercado cambiante.

La idea es tener empleo constante pero sin estancar a la economía, proteger al trabajador pero escuchando al mercado y el ambiente. De seguro hay muchas cosas que podrian mejorarse y es mediante la prueba y error que cada vez deberia ser mejorado para ser funcional y copherente a nuestra realidad.

 

Nicolas S. Freitas es licenciado en Ciencias Politicas y Relaciones Internacionales de la Universidad de Massachusetts, Boston  

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