Juan Cristóbal Soruco Quiroga

50 años del MIR

lunes, 20 de septiembre de 2021 · 05:12

La rememoración de la fundación del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) hace 50 años ha sido motivo para que en periódicos y redes sociales se publiquen muchos artículos sobre el tema y se realicen “zooms” de análisis. De lo que he podido leer he encontrado sólo un corto artículo de Henry Oporto que presenta un análisis político del MIR y su historia. La mayoría son expresiones de añoranza, de justificar la existencia de la corriente del MIR a la que adhieren, de destacar el líder que siguieron y de proponer la peregrina idea de refundar ese partido.

Para curarme en salud, les aviso que fui mirista y participé en la reunión del 25 de mayo de 1971, en la que se anunció la fundación del MIR, organización en la que confluyeron el Partido Demócrata Cristiano Revolucionario (PDCR), del que era militante, Espartaco (grupo escindido del MNR) y Marxistas Independientes. Abandoné ese partido en junio de 1984, luego del secuestro del presidente Hernán Siles Zuazo y me incorporé al Movimiento Bolivia Libre (MBL) en el que milité hasta 1990, cuando me convencí de que mi opción de vida era el periodismo y que el buen ejercicio de este oficio es incompatible con la militancia partidaria. A 2021, veo a este partido, y las tres fracciones en que se dividió, como un necesario objeto de análisis no sólo por su influencia en la vida política del país sino como un semillero de cuadros políticos con capacidad de liderazgo del que se han nutrido todas las corrientes ideológicas incluida la que ahora representa el MAS cuyo líder ha tenido la capacidad de establecer acuerdos con las tres, beneficiarse de su apoyo y luego romper con ellas sin pudor alguno. Por tanto, mi mirada al MIR tiene una doble dimensión: interna, por haber sido parte de este proyecto, y externa, por haber seguido su derrotero desde mi oficio periodístico.

Son varios los aportes que el MIR dio a la vida política del país. Entre los más importantes se puede citar, en cuanto a organización política, la creación de un espacio equidistante de la izquierda tradicional y de la radical expresada por el Ejército de Liberación Nacional (ELN), desde una autodefinición marxista y cristiana, manteniendo la idea de construir una sociedad socialista, antimperialista con hegemonía proletaria, identificada con el proceso cubano. También establecer una dirección colectiva con sede en el país, lo que permitió una alternancia sin precedentes, en un contexto de dictaduras militares, que exigía elevados grados de compartimentación.

En cuanto a su inserción social, destaca su acercamiento al sector campesino indígena reconociéndolo como actor clave de cualquier proyecto político y la generación de propuestas sobre el papel de las mujeres en la sociedad y su necesaria participación en la construcción del proyecto político.

Asimilando los cambios que se daban en el país y el mundo, el MIR tuvo la capacidad de interpretarlos y proponer la audaz teoría del entronque histórico con la revolución nacional de 1952, que en la práctica se tradujo en la alianza con la expresión de izquierda del MNR, y en la decisión de participar activamente en la apertura democrática convocada por la dictadura en 1977, bregando para que las originales restricciones impuestas se eliminen y se dé paso a un proceso electoral lleno de vicisitudes y violencia,  que culminó en 1982 cuando Hernán Siles Zuazo y Jaime Paz Zamora asumieron la Presidencia y Vicepresidencia, abriendo un nuevo ciclo de nuestra historia.

Pero, ese cambio de contexto afectó la estructura interna del MIR. Sin desconocer su nueva adhesión por la democracia, presente de distinta manera en las tres fracciones principales en las que se dividió, no pudo incorporar mecanismos de democracia interna que permitieran la coexistencia en su seno de diferentes visiones compitiendo democráticamente entre sí. Creo que esa incapacidad fue consecuencia del bagaje marxista cristiano que portaba el MIR original (y que se reprodujo en sus facciones), que hizo que cada corriente y sus líderes se sientan portadores de la verdad y, en consecuencia, no acepten la disidencia.

En fin, creo que la historia del MIR debe ser estudiada por su impronta en la vida política del país y por su incapacidad de democratizarse internamente, lo que condujo a sus divisiones, aspectos que trascienden de lejos las divergencias entre sus líderes.

Juan Cristóbal Soruco Quiroga es periodista.

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