Juan Pablo Guzmán

Libertad de expresión: las cosas van mal

lunes, 27 de septiembre de 2021 · 05:12

Un político inglés del siglo pasado decía que la presión por dar respuestas inmediatas a los problemas del  día a día conlleva el riesgo de relegar la reflexión y, por lo tanto, la sabiduría. El fondo de su análisis es correcto, aunque cuando las urgencias se presentan una tras otra, la burbuja de meditación parece un imposible.

¿Cómo pedirle por ejemplo al periodista de Página Siete, Carlos Quisbert, que cavile con reposo sobre sus derechos en los momentos en que la policía lo atropella, enmanilla, golpea, gasifica y detiene? Allí el instinto humano ordena al cerebro y a los músculos luchar exclusivamente por la vida.

Pero apenas se logre un respiro, el tiempo del análisis será útil. Un territorio reflexivo de este tipo se creó el pasado miércoles 22, cuando en la universidad de Guadalajara (México) se desarrolló el foro “Los desafíos de la libertad de expresión, hoy”.

El encuentro, organizado por esa universidad y la Fundación Internacional para la Libertad, contó con la presencia del premio Nobel Mario Vargas Llosa, y de notables personalidades del análisis latinoamericano: Jorge Castañeda, exsecretario de Relaciones Exteriores de México; Ivabelle Arroyo, analista  política mexicana con una trayectoria de 25 años en el periodismo; Salvador Camarena, periodista de importantes medios internacionales y exjefe de la oficina del diario español El País en México; y Álvaro Vargas Llosa, escritor, periodista y conferencista internacional.

Las reflexiones del foro tienen una dramática actualidad tras el maltrato al periodista Quisbert y en medio del sensible estado de la libertad de expresión y la libertad de información en América Latina, donde las verborrágicas expresiones del populismo se hallan en guerra contra los derechos humanos y los principales valores de la democracia.

Álvaro Vargas Llosa fue a la médula del tema: “Las cosas van mal. No son buenos tiempos para la libertad de expresión. En una sociedad sana, lo que tendría que ocurrir es que quienes ejercen la libertad de expresión vigilen, supervisen,  fiscalicen al Estado, al poder. Y lo que está pasando ahora es exactamente lo inverso. En cierta forma, lo que estamos viendo es una desnaturalización total de la libertad de expresión. De tal manera que es el poder, los poderes, pero sobre todo en este caso el poder del Estado, el que está supervisando, vigilando y fiscalizando a quienes ejercen  o deberían estar ejerciendo la libertad de expresión. Se han invertido completamente los papeles”.

Para Ivabelle Arroyo, la intimidación contra los periodistas se ha sofisticado. “En un extremo está la desaparición física, la muerte y el encarcelamiento por ideas, pero en la otra punta podemos encontrar el acoso propagandístico, la obstaculización institucional    al trabajo político, el ostracismo, la creación de tabús ideológicos. Lo que caracteriza a este abanico de punta a punta es el miedo de los individuos a ser señalados. En una tiranía, el señalamiento precede a la muerte. En regímenes autoritarios no asesinos, ese señalamiento precede a la infección social. El señalado por el poder pierde de facto su condición de ciudadano bien recibido en algunos círculos”.

Según Salvador Camarena, existe otro riesgo, el que denomina “la adopción del lenguaje del poder”. Argumenta: “Presidentes como (el mexicano Andrés Manuel) López Obrador ‘prostituyen las palabras’  y le cambian su significado, para crear un vocabulario nuevo que se vuelve moda o referencia. ¿Y cómo logra parte de esto último?  Porque los medios, otra vez, le ayudamos a incorporar en el habla cotidiana desde grandilocuentes eslóganes hasta insultos”.

Nada de todo lo dicho es ajeno a la Bolivia de hoy, donde, tras los permanentes atropellos del poder,  ya no es desproporcionado preguntarse cuán democrática es la coyuntura en la que vivimos.

Menos dudas tuvo en el foro el Nobel Mario Vargas Llosa, al decir: “La libertad de expresión es la medida más segura que tenemos para saber si un país es democrático o no.  Si hay libertad de expresión, hay democracia”.

 

Juan Pablo Guzmán es periodista

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