Juan José Toro Montoya

Aprender a respetar

jueves, 9 de septiembre de 2021 · 05:08

Repito: Bolivia es un país machista y esa es una de las razones para que los feminicidios vayan en aumento.

Los asesinatos de mujeres son alarmantes y ni siquiera la rigurosidad de la Ley 348 persuade a los hombres de no matar a sus parejas. Es más… los números no solo crecen sino que esos crímenes rebasan todo límite humano pues caen en abyecciones como los descuartizamientos.

Es cierto que hay una gran cantidad de feminicidios sin resolver, pero también es evidente que, aunque lentamente, crece la cifra de sentenciados por esos delitos. Eso quiere decir que, pese a que la justicia boliviana está podrida, se está aplicando una ley que es considerada de avanzada en la lucha contra la violencia hacia las mujeres. ¿Qué más se puede hacer? La respuesta es “mucho”.

Los crímenes se castigan con penas así que, con todo y sus deficiencias, esa asignatura se está cumpliendo. En lo que se hace poco, o nada, es en la prevención. ¿Cómo evitar más asesinatos de mujeres? La respuesta, como en casi todo predicamento, es la educación. Hay que enseñar a los niños que no se debe maltratar a las niñas y a los adolescentes a no golpear o causar otros daños a sus parejas. Pero decirlo —y escribirlo— es fácil. Otra cosa es conseguir resultados.

Si se busca soluciones en la educación, hay que llevar la prevención a las aulas, pero… ¿en qué tiempo veremos los resultados? Los pedagogos dicen que los frutos de un proceso educativo son advertidos después de media generación; es decir, más o menos 15 años… ¿y mientras?.. ¿seguirán muriendo mujeres?

Pero la mala noticia no es el tiempo que se debe esperar sino los obstáculos para que el proceso avance. Ahí aparece nuevamente el machismo. ¿Cómo le enseñas a un niño que el machismo es malo cuando no le enseñas a respetar a la mujer? Y el detalle es que ahí también puedes encontrar culpas en las mismas mujeres.

Respetar a la mujer es considerarla un ser humano igual al hombre e incluso con la capacidad de ser mejor. Pero no se la puede ver así cuando se la oprime hasta con el idioma. Veamos: ¿cómo dice la norma que nos debemos referir a un conjunto de menores de edad en el que hay tanto mujeres como hombres? ¿Acaso no nos dicen que es suficiente decir “niños” porque el plural no tiene género?

El lenguaje inclusivo no existe, pues es una estúpida invención, pero hay que admitir que el idioma es machista y, al no usar el femenino cuando corresponde, se está fomentando el machismo.

Entonces, no esperemos que los niños aprendan a respetar a las niñas cuando la cotidianeidad, que incluye al idioma, le está diciendo que él es mejor que ella.

Comencemos por ahí en lugar de victimizarnos y decir que se ataca a las feministas por ser feministas. La verdad es que se ataca a las feministas por ser mujeres. Y punto.   

 

Juan José Toro es Premio Nacional en Historia del Periodismo

       

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