Ignacio Vera de Rada

Dictaduras bolivianas, su literatura

viernes, 21 de enero de 2022 · 05:10

Hace relativamente poco tiempo se ha cumplido medio siglo del golpe de Estado de 1971, un hecho que considero no debe ser dejado en el olvido, y no porque se deba guardar resentimiento u odio, sino más bien porque la historia debería ser una escuela moralizante, tanto para políticos como para ciudadanos de a pie.

Sobre las dictaduras latinoamericanas de la segunda mitad del siglo XX se ha dicho mucho y para todos los gustos. Unos, por ejemplo, creen que no fueron tan nefastas porque, a fin de cuentas, impusieron el orden en medio del caos izquierdista. Otros, situados en la otra vereda, creen que los rojos hubiesen sido los salvadores si los fachos no hubiesen sido tan miserables como para matarlos. Y otros -yo quiero contarme entre éstos-, más moderados y críticos, opinan que el comunismo nunca hubiera podido haber hecho prospera a Latinoamérica, pero que ponerle freno tampoco pudo ni podría justificar la desaparición de seres humanos, la corrupción y la improvisación en la gestión de la cosa pública.

Desde hace tres años, desde que leí La fiesta del Chivo y El otoño del patriarca, me fui interesando de manera particular por toda la producción literaria que originan o inspiran los autócratas y las dictaduras latinoamericanas. Entonces, porque creí que había un hueco en ese campo, decidí emprender un proyecto literario que girase en torno a la dictadura más larga que tuvo Bolivia: la de 1971-1978. Lo primero que me vino a la mente fue el título del futuro libro (La novela del dictador) y al punto me sumergí de lleno en todo lo que constituyera aquel periodo de la historia, para después ponerme a escribir.

Precisamente cuando me hallaba en ese proceso investigativo para la composición de mi libro se dieron los hechos de fines de 2019, los cuales, en cierta medida, pueden resultar relativamente análogos a los de las peores dictaduras que se vivieron en Bolivia. Y a la par se fue produciendo una ola de interpretaciones y deducciones sobre los hechos del supuesto golpe de Estado y del supuesto fraude electoral, todos -no podían ser de otra forma- prematuros e impulsivos. Y entonces me di cuenta de que la literatura que originaban los mencionados sucesos del 19 era, en gran medida, muy similar a la que me encontraba escudriñando sobre la dictadura de los 70: polarizada, poco crítica, adjetivada por demás y parcializada. 

Desde hace varios meses, en Bolivia se han ido publicando decenas de artículos periodísticos -e incluso gruesos libros- que tratan de instalar en el imaginario colectivo un relato político por demás sesgado. Pero un lector zahorí, crítico y, sobre todo, consciente de la complejísima realidad política y social de Bolivia, no se deja llevar por tales textos. Sabe que la historia no se escribe apresuradamente, pues primero debe macerarse y fermentar. Y así, al igual que los libros encomiásticos y los libelos difamatorios que encontré por montones sobre la dictadura del 71, la literatura que se ha publicado en estos tiempos sobre los hechos del 19 no resiste ninguna crítica académica seria, desde perspectivas jurídicas, sociológicas y politológicas. Quedará, sencillamente, para el acervo del anecdotario historiográfico.

Hace poco hablaba con mi padre sobre lo deleznable que puede resultar un juicio prematuro respecto al pasado. Comparamos dos lecturas que él hizo recientemente sobre la Europa de antes de la Primera Guerra Mundial: El mundo de ayer, de Stefan Zweig, y Descenso a los infiernos, de Ian Kershaw. El primer autor, virtuoso y siempre exquisito, hace en su obra una descripción diametralmente opuesta a la que hace el segundo en torno a la situación política y geopolítica de antes de la Gran Guerra. ¿El motivo? El tiempo. Y hoy sabemos científicamente que la descripción de Kershaw resulta mucho más aproximada a la realidad que la del gran Zweig.

Es por eso que la verdad de los hechos sobre los sucesos convulsos y violentos de la historia (como los de la dictadura del 71 o los de 2019) se deja desnudar solamente cuando ha pasado un buen tiempo de su acaecimiento y, sobre todo, por la mano suave y delicada del historiador verdaderamente científico.

 

Ignacio Vera de Rada es profesor universitario

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos

Otras Noticias