William Herrera Áñez

Cambio climático: una amenaza global

lunes, 3 de enero de 2022 · 05:10

Los expertos de la Organización de las Naciones Unidas advierten, una vez más, que la emergencia climática sigue constituyendo una amenaza existencial para la humanidad (Informe de la Relatora Especial sobre los derechos culturales, Karima Bennouve de 10 de agosto de 2020).  La universalidad de los derechos humanos no tiene ningún sentido si no existe un medio ambiente habitable para poder ejercerlos. El cambio climático influye y seguirá influyendo en la cultura y el patrimonio cultural de la humanidad. Las iniciativas actuales contra el cambio climático no han reconocido esta realidad, que ha de considerarse un asunto prioritario y sujeto a obligaciones legales internacionales.

El cambio climático es la cuestión más importante para la equidad intergeneracional de nuestro tiempo. Los niños y las generaciones futuras se están llevando, o se llevarán, la peor parte de sus consecuencias en un planeta contaminado y deteriorado. Dada la amenaza que representa además para la humanidad y sus culturas, la emergencia climática no puede  entenderse únicamente  en términos sectoriales. La respuesta tiene que ser mundial y local, y caracterizarse tanto por su universalidad, en forma de respuesta general concertada, como por su diversidad, abordando distintos efectos, agentes y oportunidades.

Por cierto, debemos tener claras las causas de esta emergencia. Según la experta, la mitad más pobre de la población mundial, 3.900 millones de personas, apenas genera el 10% de las emisiones mundiales. En contrapartida, el 10% más rico produce la mitad de las emisiones mundiales. Sin embargo, se han puesto en riesgo la vida y la cultura de todas las personas, y quienes apenas han contribuido a crear el problema a menudo se encuentran más expuestos a él. Las tres cuartas partes de las emisiones mundiales proceden de 20 Estados. Teniendo en cuenta las emisiones históricas, se puede afirmar que algunas naciones son mucho más responsables de la crisis climática. Los Estados Unidos han generado el 25% de las emisiones mundiales desde 1751, seguidos por China con el 12%. Estos hechos tienen implicaciones importantes para las obligaciones de derechos humanos de los Estados desarrollados, que deben reducir las emisiones con más rapidez y pagar la mayor parte de los costos para ayudar a los Estados en desarrollo.

La emergencia climática influirá en los distintos valores que se atribuyen al patrimonio, incluido su valor intrínseco, turístico y económico, como marca de identidad y vínculo con un lugar, y como “reflejo de los conocimientos acumulados”. Las pérdidas no son exclusivamente materiales, sino también económicas, sociales y culturales. Los lugares  del patrimonio cultural son la única fuente de trabajo o alimentos para algunas comunidades y, por lo tanto, son esenciales para su supervivencia: cuando corren peligro, la supervivencia de esas comunidades se ve amenazada.

El patrimonio cultural es una cuestión de derechos humanos. Los efectos del cambio climático también se perpetúan. La historia y los avances conquistados por la humanidad desaparecen. En la actualidad, las personas no pueden disfrutar de sus derechos, incluido el de conocer esa historia. Las generaciones futuras heredarán esas pérdidas si, con las decisiones que se adopten ahora, se les despoja de la conexión con su pasado, su lugar de origen y sus prácticas. Por consiguiente, es fundamental adoptar un enfoque de derechos humanos con conciencia ambiental.

Los cambios de temperatura, la erosión del suelo, la subida del nivel del mar y las tormentas, entre otros fenómenos, podrían ocasionar daños irreversibles en sitios pertenecientes al patrimonio material. Los sitios protegidos naturales están sufriendo más incendios, acidificación del océano, decoloración y alteraciones en el hábitat. Los yacimientos arqueológicos podrían verse afectados por el aumento de la temperatura del suelo, los daños ocasionados por el viento y la subida del nivel del mar. Los cambios en las corrientes marinas podrían dañar el patrimonio subacuático. También peligran archivos y bibliotecas del mundo entero, grandes repositorios del conocimiento, la cultura y la historia de la humanidad. El mensaje está dado y se espera una respuesta rápida, antes que sea demasiado tarde.

 

William Herrera Áñez es jurista y autor de varios libros.

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