Fernando Patiño Sarcinelli

De los bocaditos con COVID a las vacunas

sábado, 8 de enero de 2022 · 05:11

Quisiera comenzar el año con buenas noticias sobre la pandemia y algunas recomendaciones prácticas. Si bien la cuarta ola en Bolivia en los últimos días de diciembre se ha elevado de tal manera que supera con gran margen los picos anteriores, los casos graves y la letalidad han disminuido significativamente. La variante ómicron se disemina más rápidamente pero es menos grave. En Bolivia todavía no tenemos los medios para estudiar las diferentes variantes en todos los casos. Es notoria la mayor velocidad de crecimiento de la cuarta ola en relación a las anteriores.

Otra explicación para el rápido crecimiento en estos días son los inocentes bocaditos de los festejos de fin de año y que coinciden con las observación del año pasado, principalmente en Santa Cruz y Tarija, pueblos más fiesteros. Reitero, ¡los malditos piqueos y bocaditos! Cada uno que se lleva a la boca con la mano que vuelve al mismo platillo y nuevamente a la boca y nuevamente al platillo compartido con los demás comensales. Es lo mismo que compartir una cucharilla de un mismo postre. Todos hemos festejado, pero ciertamente hay los que lo hacen más libremente, en locales públicos y sin la preocupación de saber cuántos ni quiénes están repartiendo la infección.

Además, hay los garzones que “cuidadosamente” atienden con guantes de látex. Cuántas veces he visto esos guantes acomodando barbijos y luego sirviendo los platos, y al retorno acomodando el cabello y nuevamente al barbijo. Obviamente sin ninguna desinfección entre una y otra acción. Ya ni hablar del manejo de las transacciones para pagar las cuentas en locales públicos. Es una variante de promiscuidad viral.  Muy pocos hacen buen uso de los barbijos. Sugiero a mis lectores revisar mi nota sobre los covidiotas  (https://bit.ly/3G2AvH8).

La variable más difícil de explicar son los resultados de PCR para diagnosticar contagio o infección, que no es lo mismo que enfermedad o síntomas. Muchos creen que las pruebas de PCR son garantizadas. Ninguna prueba es tan perfecta como lanzar una moneda: cara o cruz.

En todo el mundo las pruebas dependen de muchas variables como la carga viral, vacunación previa, tiempo de infección, técnica para obtener la muestra, y otras. Mi experiencia con varias familias es que los pruebas y resultados de PCR tienen la misma lógica que un juego de dados, difíciles de interpretar en el contexto de cada paciente.

Aprovecho para aclarar a Rafael Puente el significado de la prueba PCR, con C, (Polimerase Chain Reaction) y no PSR como él menciona reiteradamente en una nota reciente. Esto demuestra cómo él y muchos otros antivacunas hablan de memoria y sin conocimiento de la materia, mal informando a la población. Como bien dijo en su nota del 24 de diciembre, “todos tenemos derecho a equivocarnos, pero no a imponer equivocaciones”. Tampoco tenemos derecho a mal aconsejar sin conocimiento y sin argumentos científicos. Ya han fallecido casi seis millones de personas en esta pandemia, pero no se ha comprobado ni un solo fallecido como causa directa de la vacuna. Tampoco se ha comprobado ninguna de las alegaciones absurdas ventiladas por los antivacunas.

La mejor prueba de que la famosa PCR es imperfecta es que se supone que todos los que entran a un aeropuerto o a un avión son “negativos”. No obstante la variante ómicron se ha diseminado por todo el planeta en pocas semanas. Con seguridad no ha viajado en veleros. Otro defecto de las pruebas “negativas” es que dan la falsa sensación de estar libre del virus y poder participar despreocupados de cualquier actividad pública.

También hay que explicar por qué ya no se ven tantos casos más graves. En Brasil, por ejemplo, la mortalidad llegó a cerca de cinco mil al día, pero en estos días se registran menos de 50 al día. La razón y buena noticia es que las vacunas funcionan mejor en esa población y la variante ómicron es más débil que las anteriores. Hasta ahora, nadie sabe cuál es la mejor vacuna y no queda más que vacunarse con la que a uno le toca, y el refuerzo también viene al azar. NO queda duda de que las vacunas han disminuido la gravedad de la enfermedad, pero no evitan el contagio. El mayor defecto es que quienes están vacunados, pero son asintomáticos, mantienen la cadena de contagio.

 

Fernando Patiño Sarcinelli es médico internista, oncólogo y  fotógrafo.

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos

Otras Noticias