La curva recta

Ellos, los más pobres

domingo, 17 de julio de 2016 · 00:00
El núcleo del poder de Bolivia, vale decir la plaza Murillo y alrededores, ha estado enrejada durante algo más de dos meses y medio.  Los poderosos detrás de rejas. ¿Fue una premonición?  ¿Un acto del subconsciente?  Vaya uno a saber. 

Hace un par de días, la Ministra de Informaciones declaró que los discapacitados no hubieran permanecido tanto tiempo acampando en las inmediaciones si no hubieran sido financiados.  La mujer, que es una personificación de la mezquindad, profirió ese juicio tal vez pensando en la forma en que una buena parte de las movilizaciones sociales cobran cuerpo y prestancia: a partir de viáticos y otro tipo de pagos. Dicho sea de paso algo importante para recordar a la hora de entender  el advenimiento de Evo al poder. 

El Alcalde de La Paz, que ha sido aludido directamente, ha negado el extremo de haber dado un centavo a los huelguistas. Se le puede creer, pero la mezquina Ministra tiene algo de razón: sin el apoyo de la Alcaldía y sin el de los chucutas de a pie el campamento de los discapacitados no hubiera durado tanto tiempo. El frío extremo de hace un par de semanas los hubiera hecho escapar, lo mismo que si no hubieran tenido qué comer.

Usted,  amigo lector, ¿se imagina lo que es pasar noches y noches en carpas, en medio de una incomodidad extrema, en este frío paceño de junio y julio? ¿Se imagina todo el tipo de incomodidades a las que se han sometido los discapacitados para lograr un bono que en realidad tampoco soluciona de verdad su situación?
¿Sabe por qué han aguantado casi 80 días? Pues porque en su mayoría son gente desesperada y porque es posible que esa incomodidad, esa precariedad, sea menos dura que su cotidianidad. 

Y ahí va el asunto: el Gobierno, que reduce todo a la lucha de poder, no ha tenido el menor problema en maltratar a los más maltratados de la vida y ha tenido el atrevimiento de sugerir que se los debía dejar a su suerte.  

Es posible que el dinero que hubiera significado dar esa pensión a los minusválidos sea demasiado para el erario, aunque ha habido expertos que han demostrado que sería factible, pero el asunto va más allá porque esos 500 bolivianos al mes no son suficientes.  De lo que se trata es de tomar conciencia de que, a pesar del triunfalismo de los últimos años, seguimos siendo un país muy pobre y a quienes se debe atender primero es a los más pobres, y eso no se ha hecho.  

Si los bonos fuesen utilizados en forma inteligente, si el Bono Dignidad no fuese tan universal,  si se diera sólo a los que no tienen otro tipo de rentas y no se diese a partir de los 60 años,  sino un poco más tarde,  si el Juancito Pinto se utilizase para ayudar a los niños minusválidos que no pueden ir a la escuela y no para hijos de padres que tienen mucho dinero, el dinero podría estar ahí (sin tocar los montos para gastos suntuarios y de autofirmación tan queridos por el Jiliri Irpiri). 

Pero hay algo más, vuelvo  a una sugerencia ya manifestada en esta columna: ¿qué tal cambiar el inútil Servicio Militar por un servicio civil de ambos sexos? Lo más caro para atender a personas minusválidas es el personal, sea en institutos especializados, hospitales, hospicios de ancianos o en las casas mismas de quienes sufren de deficiencias motoras o mentales.  Amén de que se podría utilizar el dinero del Servicio Militar en atención a los desprotegidos.

El gran logro del movimiento de los minusválidos ha sido visibilizar al sector más pobre de nuestra sociedad. Eso ha sido un éxito, más allá de no haber conseguido su objetivo. Ahora toca tener la suficiente responsabilidad e imaginación para solucionar este problema que nos interpela a todos.

Agustín Echalar Ascarrunz es operador de turismo.
190
5

Comentarios

Otras Noticias