La curva recta

Una visión dulce del Salar

domingo, 31 de julio de 2016 · 00:00
Acabo de pasar una semana a orillas del Salar de Uyuni y ésta es la primera vez que he hecho el recorrido por carretera asfaltada desde La Paz. Sí, señores, es una gran noticia, se puede llegar hasta Uyuni  por una carretera asfaltada. La ruta, que tiene algo más de 500 kilómetros,  es bellísima desde el punto de vista paisajístico, sobre todo si a uno le gusta ese ambiente melancólico del altiplano. Ahora se puede disfrutar de cada detalle porque no se está sintiendo en los riñones lo que le pasa al carro cuando va por los caminos de tierra, como calamina.

Hay sólo un pequeño trecho, de unos 80 metros, en Challapata, que no está en buen estado. No valdría la pena mencionarlo de no ser que es una muestra de ése no sé qué en nuestra mentalidad nos impide hacer las cosas bien. ¿Fue mezquindad de alguno de los contratistas? ¿Estuvo mal hecho el contrato? Lo cierto es que para ingresar a la magnífica carretera Challapata - Uyuni, a modo de hacernos recuerdo que somos tercer mundo, se tiene que pasar por una yarda de baches.
 
La primera vez que conocí el Salar de Uyuni llegué allí en avioneta, hace 20 años. Casi no pudimos aterrizar porque unos chiquillos estaban jugando en la pista que, obviamente, era de tierra y que, además, por un inexplicable motivo, había sido cortada con un muro por los militares.  Finalmente, cuando lo logramos,  Juan Quezada, el gran pionero del Salar, y a quien Bolivia le debe un Cóndor de los Andes póstumo y un monumento, nos llevó a su pequeño hotel de sal que no tenía más de ocho habitaciones y que había construido en medio de la pampa blanca con bloques de sal.
 
Mi cliente, un príncipe de la alta nobleza alemana mediatizada en tiempos de Napoleón, quedó encantado pese a lo precario que era todo y dejó en el libro de huéspedes del hotelito un comentario diciendo que se había sentido en un palacio de sal. Juan Quezada me comentó luego que esa dedicatoria fue importante para imaginarse un palacio de sal. Así se llama hoy el hotel que él construyó y que ha ido convirtiéndose en un verdadero pequeño palacio frente a uno de los paisajes más impresionantes de la tierra.
 
Lo curioso es que uno de los aspectos que le dio más fama al Salar de Uyuni fue el hotel de Juan. El Salar de Uyuni es el más grande del mundo, pero hay otros, pero fue, sin embargo, la primera vez en la historia que se hizo un hotel de sal y eso fascinó, y la voz corrió. El Hotel de Sal estaba entre los 10 más sui géneris alojamientos del mundo.
 
Llegar en ese entonces a Uyuni sólo era posible haciendo por el norte o por el este; vale decir, desde Potosí, haciendo un trayecto de más de 200 kilómetros de camino de tierra. Hoy esas carreteras están asfaltadas y hay un aeropuerto, modesto pero ideal para las necesidades actuales de la zona.  Las mejoras son innegables.  
 
Sin embargo, una vez más, lo que queda pendiente sigue siendo mucho, por ejemplo, el reparado de los cinco  kilómetros que hay entre la carretera y el Salar mismo, que es un camino hecho para destrozar carros.
 
Las condiciones para el desarrollo del turismo están dadas. ¿Hay un boom turístico? No. Aunque indudablemente hay muchos visitantes no son suficientes. Esto  debido en parte a la altura, nuestro eterno problema, y a la mala fama del país: los bloqueos hechos por Evo hasta que llegó al poder, y ahora hechos contra Evo, hacen de éste un país que se promociona y se incluye en paquetes con poco entusiasmo.
 
¿Cómo se ve el futuro? Pues bien. No brillante pero bien,  a pesar de la errática política estatal del Dakar  y otras sonseras, como la inseguridad jurídica para verdaderas inversiones en la zona. Lo cierto es que lo más importante ha sido hecho: la infraestructura caminera y ése es un poroto a favor del actual Gobierno. Faltan, no obstante, una serie de detalles que harían la vida de quienes se dedican al turismo en Uyuni menos difícil.

Agustin Echalar Ascarrunz es operador de turismo.

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