La curva recta

Pari, la justicia y su madre

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domingo, 29 de octubre de 2017 · 00:00
La de Pari y el Banco de la Unión es una historia ordinaria, al estilo de la  manceba del presidente Morales, que terminó de gerente comercial de una importante empresa china en Bolivia. Tiene connotaciones menos grotescas, no hay un niño negado ni inventado; pero hay una serie de detalles de esa laya: el arribismo y los deseos de gastar de los protagonistas. Su cercanía a la gente del poder, su dudosa o nula capacidad para ejercer el cargo que ostentaban, etcétera. Hay incluso, como corresponde a los tiempos actuales, unos celulares de por medio, aunque en este último caso éstos hayan desaparecido.
 
 Si los millones robados no fueran en realidad de los bolivianos, porque aclaremos, el 97% del banco desvalijado es propiedad de los ciudadanos, uno podría tomar este asunto con mucho humor. Estoy seguro que algunas personas hasta se alegrarían de ver a un banco perdiendo dinero, esto debido a ciertos abusos que a veces sufren los usuarios del sistema. 
 
 Se podría también decir que lo que sucedió en el Banco Unión es parte de su propia historia, de la compra poco kosher de esa entidad financiera por parte del Estado y por esos detalles que cuando todo anda relativamente bien no llama particularmente la atención; de hecho,  aunque es posible que legalmente no hubiera un impedimento para que la esposa del exministro de Finanzas sea gerente general de un banco del Estado. Lo cierto es que no deja de ser un detalle para decir lo menos, curioso.  Un poco de delicadeza, cuando no apego al sentido de la ley, hubiera hecho que la señora en cuestión buscara un espacio acorde a su experiencia en un banco privado.
 
 La entrevista al ciudadano Pari, que el último viernes ha publicado Página Siete, lo pinta como lo que es: un personaje prepotente, grosero e inmoral, capaz de justificar un robo, por  haberlo  hecho a unos supuestos dueños del banco, cuando dueños son todos los bolivianos, y porque éste era menor al que cometió. No se puede sentir por él simpatía alguna.
 
No creo que por el momento sepamos lo que verdaderamente sucedió con los dineros del Banco Unión, ni quiénes son todos los ladrones; sabemos que es un banco pésimamente administrado y que Pari es un ladrón.
 
Sin embargo, de esta historia lo que más me molesta, lo que más sabor amargo en la boca me deja, lo que más me indigna, es el hecho de que se haya detenido a la madre del tipejo en cuestión. No pongo las manos al fuego por ella, no sé ni siquiera su nombre, pero considerando el panorama inicial de lo que se tiene del delito del sujeto que nos ocupa, el encarcelamiento de su madre sólo puede ser visto como una enorme chambonada de unos fiscales tremendamente injustos e incapaces; o como parte de un sistema de amedrentamiento hacia el acusado, algo que es simplemente inaceptable en un sistema de justicia que se precie de tal.
 
Creo que la lucha contra cualquier tipo de delito y su investigación debe ante todo no violentar los derechos ni del acusado, ni de terceras personas.
 
El caso que nos ocupa ha convertido a Pari en un paria, no querido ni por masistas ni por opositores, negado seguro por quienes agasajó con dineros mal habidos, despreciado por la ciudadanía en general por razones diversas, incluida la envidia. Es posiblemente un gran canalla, pero también puede llegar a convertirse en una víctima, precisamente porque se estuvieran utilizando métodos de coerción inaceptables. Por lo demás, es en casos como éste que las organizaciones de derechos humanos, estatales o no gubernamentales, y la prensa deben abogar por alguien como la madre del acusado.
 
Es muy posible que la mujer no merezca ser coronada como la madre del año; la honestidad es una de las virtudes principales que se debe inculcar a los hijos y por lo visto ella fracasó en esa tarea, pero es inaceptable, y denigrante para los bolivianos el que ella esté detenida. Es una degradación no sólo de la justicia, sino de la sociedad.
 
Agustín Echalar Ascarrunz es operador de turismo.

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