La curva recta

Un curioso efecto del Dakar

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domingo, 07 de enero de 2018 · 00:05

El presidente Evo Morales ha puesto paños fríos en el conflicto con los médicos al pedir al Congreso que los artículos cuestionados del nuevo Código Penal sean derogados; ha dicho que esto se debe a una acción humanitaria, debido a que la gente la estaría pasando muy mal con todo el sistema de salud en huelga, algo que, dicho sea de paso, no ha llegado a extremos: los servicios de emergencia, como es lógico, se han mantenido en funcionamiento.

Mientras los acólitos al MAS han ponderado la “generosidad” del Primer Mandatario (el llunkerio no tiene límites), quienes no lo quieren dicen que este paso conciliatorio ha sido dado debido a la cercanía de la llegada de la competencia del Rally Dakar. El temor de pasar por un papelón de la magnitud de tener que suspender esa competencia en territorio nacional, debido a la inestabilidad social, habría llevado a Su Excelencia a actuar cuerdamente.

Sea lo que fuere, no podemos ver humo blanco saliendo de ninguna chimenea de la plaza Murillo debido a un sinnúmero de razones. En primer lugar porque la palabra y la firma del Presidente no son fiables, no se puede confiar en nada de lo que dice Su Excelencia, puesto que tiene la costumbre de desdecirse.

Las muestras de este comportamiento son múltiples, empezando por el vulgar embrollo del hijo que dijo que tuvo y que luego porfió que nunca tuvo, pasando por la triste historia de la carretera del TIPNIS, cuya construcción va viento en popa, y culminando en la inaceptable situación de tratar a toda costa de reelegirse, violentando no sólo la Constitución que él mismo promovió y juró respetar, sino el sentido común.

El daño causado a la vida pública de nuestro país con la maniobra del Tribunal Constitucional es enorme, precisamente porque no sólo se ha destruido la Constitución Política del Estado, sino la credibilidad que pudiera tener el principal benefactor de esta maniobra.

¿Pueden los médicos creer siquiera remotamente que sus planteamientos serán atendidos y respetados? ¿Pueden hacerlo los transportistas que estaban en apronte para bloquear las carreteras de La Paz en los próximos días? Por supuesto que no, todo accionar del Gobierno sólo puede ser visto como una maniobra para lograr sus fines.

A esta odiosa situación se añade el exabrupto del Dakar. Aclaremos, esa grosera competición que hacen los ricos por las zonas pobres del mundo, es más que indignante. Estuve en el Perú durante las torrenciales lluvias costeras de marzo del año pasado y pude ver la destrucción que los huaycos dejaron a su paso. No olvido a la valiente mujer que pudo salvarse casi de milagro en medio de uno de ellos y cuya imagen se hizo viral; es por allí mismo por donde pasarán los rugientes carros y camiones de los mimados del mundo capitalista. Que eso sea parte de la política de alguien como el impresentable Kuczinsky es casi lógico; a este lado del Desaguadero la contradicción es peor, sobre todo porque este es un país mucho más pobre que el hermano del norte, pese a no haber sufrido a principios de año los daños que la naturaleza les propinó.

Ahora bien,  si suponemos que los del Gobierno tienen la razón respecto a su Código Penal, éstos se han dejado torcer el brazo por la ridícula, machista, capitalista y depredadora fiesta, y si les damos crédito a los opositores, éstos no pueden estar seguros de nada, porque se tratará, en el mejor de los casos, de una tregua que les da el Gobierno mientras tiene lugar este grosero espectáculo. 

Puede hasta hacer gracia que el Dakar, promovido insensatamente por un gobierno de izquierda, se haya convertido en el talón de Aquiles de ese Gobierno, pero no deja de doler la irracionalidad en la que estamos envueltos y a la que estamos condenados por la eternidad, y, por lo visto, sin derecho a indulto.

Agustín Echalar Ascarrunz es operador de turismo.

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