La curva recta

Servicio militar femenino, no gracias

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domingo, 04 de febrero de 2018 · 00:15

El jueves pasado se ha iniciado una vez más el reclutamiento para jóvenes que están en edad de hacer el servicio  militar  obligatorio. Esta vez hay una innovación, también han sido llamadas las jóvenes, aunque, eso sí, en forma voluntaria, y sólo serán reclutadas alrededor de 200 jovencitas. El  director general militar territorial de las Fuerzas Armadas ha explicado que eso es en función de la igualdad de oportunidades, independientemente del género de los ciudadanos. Y, claro, una vez más lo que se puede ver es un saludo a la bandera, un decir una cosa por otra, aunque en este caso podamos alegrarnos de que sea así.

Quienes siguen esta columna saben que uno de los temas recurrentes que he tocado en estos casi 20 años, y que me preocupó en publicaciones previas, es no sólo el absurdo del  servicio militar obligatorio, sino todas sus perversas consecuencias. Quiero reiterar mi preocupación por este tema en ocasión de este nuevo llamamiento y, sobre todo, porque al incluir a mujeres en este llamado sólo se están empeorando las cosas, más allá de la buena voluntad que puedan tener algunos militares involucrados en esta iniciativa.

El servicio militar es un espacio machista por naturaleza y sólo con un trabajo muy profundo de revisión de todos los componentes ideológicos de éste dejará de serlo. De hecho, el que se incluya  en ese esquema a mujeres no quiere decir nada y puede, además, crear más aristas y mayores deformaciones machistas, más allá de que se debería dar el beneficio de la duda a nuevas iniciativas.

Aparte del machismo inveterado incrustado en lo militar, en general, y en el servicio militar obligatorio, en particular,  aparte de que es posible que el maltrato hacia las mujeres en la sociedad boliviana tenga una relación directa con el aprendizaje de brutalidad que hacen los jóvenes bolivianos mientras aprenden a usar armas, por si se dé una guerra, que sería indefectiblemente perdida en un dos por tres, lo importante es pensar que ya es tiempo de hacer cambios sustanciales en la estructura de nuestra sociedad, y que uno de los puntos por donde se podría empezar es precisamente el que nos ocupa.

Aunque el pequeño batallón o los pequeñísimos batalloncitos de soldadas bolivianas no son mucho más de lo que dije antes, un saludo a la bandera, lo cierto es que eso demuestra una capacidad para hacer modificaciones interesantes y hasta novedosas, y es en esa línea que lo importante debería ser ante todo pensar en las verdaderas necesidades del país, y en la forma en que los jóvenes, de ambos sexos, podrían ocupar mejor su tiempo, y, eventualmente, elevar su potencial vocación humanitaria. 

Me refiero ya sea a un servicio militar y civil de voluntarios, en el mejor de los casos, o a uno obligatorio, de ambos sexos, pero que sea civil, de apoyo a hospitales, hogares de ancianos. O en el mantenimiento de cierta infraestructura, apoyo a la reconstrucción de lugares afectados por turbiones, como el sucedido esta semana en Tupiza, y de espacios verdes que requieren de mano de obra que el Estado no puede pagar, a pesar de ser el que tiene  más crecimiento en la región.

Tengo la esperanza de que entre las propuestas de un gobierno alternativo al de Evo Morales, sea considerada esta necesarísima e impostergable reforma. Es más, que ésta se vuelva un tema que convoque también, y ante todo, a las clases medias y a los sectores intelectuales del país. Por lo demás, de forma ingenua, no pierdo tampoco la esperanza de que la actual administración entre en razón.

Bolivia necesita modificar con suma urgencia sus patrones de comportamiento, y son el machismo violento, junto con el racismo, sus dos peores taras. Hay una institución que, en el caso de ese machismo, se la puede identificar como parcialmente responsable y es hora de hacer algo racional al respecto.  Insisto, un batallón femenino no ayudará.

Agustín Echalar Ascarrunz es operador de turismo.

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