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Caras y cuerpos bonitos

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domingo, 08 de abril de 2018 · 00:07

La gente bella, de cara bonita, de cuerpo garboso, de cierta sensualidad, la tiene en la vida más fácil que la que no lo es. Esas características son, se podría decir, un capital social, y hay estudios que más allá de las suposiciones que se puedan tener, refrendan el hecho de que muchas personas hacen matrimonios más convenientes u obtienen posibilidades de empleo o incluso académicas debido a éstas.


Muchas personas bellas, conscientes de esto y seguras de sus prioridades, deciden utilizar su atractivo físico para lograr ya sea una mejor situación económica o social en la vida, y, reitero, eso puede suceder también en ámbitos académicos. Otras utilizan sus atractivos para divertirse más. 


Esa es parte de la naturaleza humana que, heredera de un instinto animal, responde de una manera muy similar a pesar de todos los procesos de humanización, culturización, amaestramiento y por los que ha pasado.


Hay naturalmente personas muy bellas que no le dan importancia a su físico. Incluso existen quienes reniegan de su atractivo y buscan en sus parejas algo mucho más sofisticado que la mera belleza corporal. Están también los que sabiéndose poco atractivos recurren a otras características suyas: inteligencia, sentido del humor, capacidad para el baile, capacidad de trabajo o de hacer dinero, su simpatía, para mostrarse como parejas deseables o como candidatos ideales para alguna posición en la vida.


Está además el otro tipo de capital social, la tradición, la extracción social y en otras latitudes hasta la llamada nobleza de sangre.


En general, los menos agraciados físicamente tienen un periplo más difícil y desarrollan habilidades que compensen esa falencia, a veces en forma contundente, y es que la belleza por sí sola es también muy poca cosa.


Lo arriba mencionado, que es además una verdad de Perogrullo, me ha venido a la mente por la polémica, un tanto absurda, que se ha armado en torno a una canción cuya calidad lírica es ciertamente lamentable, y cuya calidad musical no me atrevo a evaluar debido a mi falta de oído.


Eso sí, me preocupa haber escuchado en estos días que se haya tachado de “machista” a la canción de marras. Y es que en primera instancia, es una letra que, en el peor de los casos, deja mal paradas a las mujeres bellas, en beneficio de las que no lo son, y eso difícilmente puede ser considerado una construcción “machista”. Una canción que valora más a las mujeres menos atractivas podría ser oída con disgusto por las personas bellas, pero ahí se queda.


Preocupa en estos tiempos de neovictorianismo que una canción popular cause tanto revuelo. No dejo de sentirme culpable al escribir esta columna de añadir leña al fuego, pero llama la atención, ante todo, la incapacidad de mucha gente para identificar claramente las características de la expresión artística que critican.


La canción de marras puede ser tosca, puede ser generalizadora, puede ser una mala canción, puede ser  primitiva, pero ¿”machista”?


Combatir la violencia contra las mujeres, en particular, y el machismo, en general, es una tarea de todas las personas de bien. Es algo en lo que debería trabajar todo padre y toda madre, y toda persona dedicada a la educación, a hacer leyes y a generar opinión.  Confundir esa importante tarea con criticar y querer condenar una canción popular poco valiosa, como la del bollo, no es solamente un exceso, sino, ante todo, un despropósito. Es no entender ni la importancia de la lucha contra la violencia de género, ni el camino que se debe utilizar para atacar esa lacra.


Y volvamos al principio, mientras los seres humanos existan, éstos van a quedar maravillados por la belleza de los cuerpos y los rostros bellos, sobre todo si son jóvenes, y sus poseedores van a poder sacar ventaja de ello. Y eso no está mal.

Agustín Echalar Ascarrunz es operador de turismo.

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