La curva recta

Confesión y redención

domingo, 23 de septiembre de 2018 · 00:10

La semana ha comenzado con la atroz e increíble confesión de la jueza Pacajes, quien, bajo el influjo del alcohol, habría declarado que ha condenado a 20 años de prisión y ha destrozado la honra de un buen hombre a sabiendas de que era inocente, sólo porque se sintió presionada por gente muy poderosa.

Siempre he pensado que el alcohol es algo que denigra y contamina, cuando se lo toma en exceso; esta vez fue gracias a su ingesta que salió a la luz una verdad, que de todos modos estaba a la vista pero que nadie tomó en serio. Gracias a una farra existe la posibilidad de que Jhiery Fernández recupere su libertad el día de mañana. De no haber sido por la borrachera de la jueza (y de que alguien grabó su confidencia), el doctor Fernández podría haber permanecido recluido por muchos años más.

La virtud le debe esta vez un favor al vicio, más allá de que cualquier análisis serio de los hechos lleva a la conclusión de que el médico era inocente por la simple razón de que el niño Alexander no fue violado.

El periplo kafkiano por el que ha pasado Jhiery Fernández, que incluyó el riesgo de ser brutalmente asesinado en la cárcel, el haber permanecido en una mazmorra inmunda por varios meses y el haber estado confinado en una cárcel por casi cuatro años, con una acusación monstruosa, y la consiguiente condena, no ha finalizado. Es inconcebible e inaceptable que se hubiera llamado a una audiencia recién para el día lunes, ésta debió tener lugar a las horas de conocerse el audio, y debió llevar a la inmediata excarcelación de quien podemos considerar como una víctima de secuestro.

Más allá de lo obvio en este caso, de la corrupción e incapacidad de la Fiscalía y del sistema Judicial, del mal manejo de sus funciones que hace el Ministerio de Justicia, de la inoperancia de la Defensoría del Pueblo, lo cierto es que también hubo una falla social; un periodismo que no se preguntó en primera instancia si verdaderamente había ese delito y que no averiguó a tiempo, y que no se involucró en un hecho que había sucedido, no en un remoto lugar de las montañas, sino en las zonas centrales de la ciudad más importante del país.

Inclusive la declaratoria de reserva del hecho debió haber sido tomada con mayor susceptibilidad, porque no había motivo para que tuviera lugar la misma. El encarcelamiento del periodista Quisbert debió haber prendido todas las alarmas.

Hemos sido pocos los “opinadores” que hemos llamado la atención respecto a esta situación y las aseveraciones no hallaron el suficiente eco. Inclusive doña Ampara Carvajal ha pecado de excesiva pasividad. No basta con enviar una carta ante un hecho tan flagrante y tan atroz.

Lo que toca aprender de este atroz caso (más allá de las compensaciones que debe recibir Jhiery Fernández, y del castigo que deben recibir una bastante gran cantidad de personas, tanto en el Poder Judicial como en el Ejecutivo) es que la indiferencia ante las injusticias no puede ser un comportamiento aceptable para nadie, incluido para el ciudadano de a pie.

Es importante no dejarse llevar por el morbo; sopesar cuán confiable es la información que se recibe y cuán completa es, y es aún más importante recuperar nuestra condición humana. Las injusticias no pueden ser toleradas. Una sociedad sana puede permitirse muchos violadores y asesinos sueltos, pero ni un inocente encarcelado, esa es una premisa imprescindible.

La injusticia que ha sufrido Jhiery Fernández es de responsabilidad compartida. Hay responsables directos, hay responsabilidades colaterales importantes, y ésta la nuestra, la del boliviano común, que ha convivido con un caso como éste y no se ha dejado importunar, hasta que ha sido enfrentado a los hechos de una manera grotesca.

Pasado el espanto inicial ante la grabación de la jueza, creo que más bien se puede ver una luz al final de un túnel lleno de inmundicia. A veces lo más abyecto puede dar paso a la esperanza. Curiosamente la jueza Pacajes tiene ahora una oportunidad de redención. ¿La utilizará?

Agustín Echalar Ascarrunz es operador de turismo.

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