La increíble y triste historia del ex Defensor del Pueblo

domingo, 27 de enero de 2019 · 00:12

La semana pasada ha estado cargada de emotividad. Todo comenzó con una conferencia de prensa convocada por el ex Defensor del Pueblo, no para denunciar a alguna instancia del gobierno que estuviera cometiendo grandes injusticias contra el ciudadano, no para hablar del extraño caso del prófugo de la justicia italiana que había labrado tantos amigos entre la izquierda internacional, incluidos algunos camaradas locales, no para hablar de la penosísima situación de la salud en Bolivia, ni siquiera de la basura que empezaba a no poder ser recogida en las calles de La Paz; convocó a una conferencia de prensa para denunciar un acoso y un chantaje que estuviera sufriendo por parte de su desalmada abu…, perdón: esposa. 

En las redes sociales, en la calle, en los cafés y en programas de televisión, la primera crítica que surgió fue que el exdefensor hubiera utilizado bienes del Estado para sus asuntos personales, que debía ventilar en otro ambiente, o mejor no hacerlo. Personalmente, creo que el daño económico que podía hacer el funcionario al llamar a una conferencia de prensa era mínimo, y, aclaremos, una conferencia de prensa convocada por una autoridad en realidad no tiene pierde, siempre y cuando se hagan las preguntas adecuadas (aún cuando éstas no sean respondidas).

Estoy convencido de que don David Tezanos Pinto tenía un punto al hacer esa conferencia de prensa y es que realmente se estaba sintiendo acorralado, y eso definitivamente no puede permitir a alguien cumplir con sus funciones. De hecho, en realidad, el debió llamar a esa conferencia para explicar que estaba pidiendo una licencia debido a los problemas por los que estaba pasando, dificultades que puede tener cualquier persona, sensata o no. 

Sin embargo, el mayor problema con el ex Defensor del Pueblo no es que haya  víctima de un chantaje ejercido por su esposa, sino que, empezado por su nombramiento, éste era  visto, desde una perspectiva ortodoxa, como un nombramiento muy arriesgado, precisamente porque alguien que tiene que inspirar respeto y que tiene que enfrentarse contra las injusticias cometidas por el Gobierno, o por personeros del Gobierno, tiene que tener un perfil muy distinto.

El Gobierno, pervertido como está por tener esa desmesurada mayoría parlamentaria, en vez de buscar un perfil adecuado para ese importante cargo, buscó a la persona de más débil carácter que tal vez pudo encontrar. Alguien a quien se pudiera controlar, alguien que no fuera contestatario, alguien que no entendiera las verdaderas funciones del cargo o que estuviera dispuesto a no cumplirlas. 

Don David Tezanos Pinto no ha estado a la altura de la investidura que ostentó, aunque sí ha cumplido ampliamente con las expectativas que tenían quienes se la dieron. Perjudicados en este entuerto han terminado los ciudadanos. 

Una institución como la Defensoría del Pueblo, aquí o acullá, depende ampliamente del prestigio personal que tiene quien la dirige y de su independencia. Es una instancia muy importante para allanar la vida de los ciudadanos y para ocuparse de los pequeños detalles, pero si los grandes detalles no están resueltos, si hay abusos de gran envergadura en el país, en realidad resulta casi una hipocresía ocuparse de los pequeños inconvenientes. (No olvido mi reclamo hace ya casi 20 años por la obligación de usar corbata a la hora de sacar un pasaporte). 

El MAS ha destrozado esa instancia que un día fue orgullo para los bolivianos. Tezanos Pinto y la increíble y triste historia de su esposa “desalmada” no fueron otra cosa que una escenificación de esa degradación. 

Este episodio es una más de las razones por las cuales se colige que una reelección de Evo y Álvaro sería un gran error.

Agustín Echalar Ascarrunz es operador de turismo.

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