La curva recta

Un teleférico Mercedes Benz

domingo, 02 de junio de 2019 · 00:11

El audio que se volvió viral la semana pasada respecto a un sui géneris encuentro en una cabina del teleférico verde no da ni para materia prima de un cuento policial. Agatha Christie no podría inventarse una trama con asesinato misterioso entre una estación y otra, y un Poirot sería, en ese caso, un personaje inútil. El relato de la joven mujer da más para ser pasado a un psiquiatra o un psicólogo que para ponerlo “en la red”, aunque ayuda eventualmente a entender algunos de los mecanismos del racismo. 

En efecto, los comportamientos y los sentimientos racistas tienen mucho que ver con el desconocimiento del otro, y con el temor y la desconfianza que el otro inspira. Curiosamente, ese tipo de comportamiento racista no es tan inusual y aunque naturalmente debe ser erradicado, tampoco debe alarmarnos, no son malas personas las que expresan estos viles temores. 

De cualquier manera, lo cierto es que de todos los sistemas de transporte que hay en la ciudad, el teleférico es, sin lugar a dudas, el más seguro y el más confiable, el más estético, el más chic, el más limpio, el más civilizado (el más del MAS). Y esos nos podría alegrar, porque tener algo así en nuestra atiborrada ciudad es, sin lugar a dudas, un gran lujo. 

Como lo acaba de decir el gerente general de la empresa, en una argumentación de respuesta a un artículo del portal La H Parlante, el teleférico paceño es un Mercedes Benz (del transporte público y de los teleféricos) y eso, aunque parcialmente nos puede alegrar, es precisamente el motivo por el cual lo podemos criticar. 

Empecemos por decir que tal vez nos convenía nomás comprar un teleférico estilo Volkswagen que uno Mercedes Benz, eso hace la gente sensata que no es rica, y La Paz no es una ciudad rica, Bolivia no es un país rico.

El haber colocado sobre el tapete la comparación entre un Mercedes y un Volkswagen nos ayuda a entender el verdadero sinsentido de esa hermosa obra faraónica que es la red de teleféricos de la ciudad de La Paz. Reitero, el teleférico es fantástico, más allá de sus enormes limitaciones: para empezar, no es un medio de transporte masivo verdaderamente eficiente, las horas pico pueden causar un genuino embotellamiento humano y es caro, caro, por ejemplo, para la enorme cantidad de paceños que viven con un salario mínimo (con o sin doble aguinaldo) , y peor para quienes tienen ingresos menores, algo que aunque pareciera ilógico, es real.   

Si seguimos con la comparación del Mercedes, podríamos decir que tener ese teleférico en la ciudad es como si una familia de ingresos modestos se hubiera comprado un Mercedes Benz último modelo y que para financiarlo hubiera dejado de pagar el seguro médico y el colegio de los niños, y, para colmo, no tenga garaje en la casa, porque ésta está construida en una ladera que no tiene calles,  y tengan que ir a recoger el coche a un lugar a medio kilómetro de distancia.  Los niños seguirán tal vez encantados con los paseos de fin de semana y el padre podrá presumir, ante  propios y extraños, pero los riesgos en los que colocó a su familia por no tener seguro médico, y la condena a esos niños por la falta de una mejor educación, cobrarán su factura tarde o temprano. 

Hay otro detalle que debe ser tomado en cuenta y es que la compra del Mercedes-Teleférico fue hecha sin seguir los sensatos pasos de una licitación, esta ausencia en una compra tan grande produce una sombra aún mayor. Las licitaciones en las compras públicas tienen la función no sólo de garantizar para el Estado el trato más conveniente, sino para librar a quienes ejecutan estos contratos de la mínima sospecha de un acto inadecuado.  

Ésta no ha sido una semana feliz para ese lujito que tanto nos enorgullece a los paceños y, bueno, como sabemos desde siempre, no todo lo que brilla es oro.

 

Agustín Echalar Ascarrunz  es operador de turismo.

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