Agustín Echalar Ascarrunz

Lola y la alegría de la irreverencia

domingo, 30 de junio de 2019 · 00:11

El fin de semana pasado, coincidiendo con Corpus Christi   (oh my God) y la nueva fiesta del sol, La Paz ha tenido la oportunidad de disfrutar de un espectáculo sensual, irreverente, divertido e importante. Me refiero a Lola, el cabaret teatral montado por Carolina Montero y sus colegas, secuaces en el pequeño y cada vez más entrañable Teatro Nuna de la calle 21 de Calacoto.

El show estaba excelentemente estructurado. Hubo buena danza, incluido el increíble pole dance, buena actuación, buena mímica, buenos vestuarios y buen ambiente.  La pieza representa a un cabaret al estilo del idealizado cabaret berlinés de Goodbye to Berlin, o de la película inspirada en la gran novela de Isherwood y magistralmente protagonizada por Liza Minnelli, y Joel Gray; es, sin embargo, una producción propia, con libreto propio, ajustado a las características locales, me refiero al cucu de la Renta y a la costumbre generalizada de una inmensa mayoría de los  bolivianos de evadir impuestos.     

Lola hace un pequeño guiño a la política pero sin pretender caer en aguas borrascosas y sólo menciona de pasada la rererereelección,  y luego se centra en un tema importante, relevante y que simplemente no puede ser dejado de lado: estamos hablando de la sexualidad, de la homosexualidad, de la bisexualidad, de la transexualidad. Sí, de todo eso, y lo hace con humor, con gracia, rayando con la vulgaridad, como debe ser, pero sin caer en ella. 

Lo interesante en Lola es que en esta nuestra La Paz tan poco sexuada, tan alejada de la sensualidad, tan dura por culpa de un clima que nos ha entumecido a todos. Se atreve con un destape que de alguna manera le da carta de ciudadanía a todas esas expresiones de ser y de amar, que histórica  y tradicionalmente han sido tan  arrinconadas.

Su gran mérito es que lo hace a través del humor, de la música y de la danza, que entra en un plano serio cuando es necesario, pero sin pontificar, y  regala a la platea una escena de travestismo  de una elegancia y una estética difícil de encontrar. El personaje travestido, interpretado por Paolo Vargas, el protagonista de Averno, estuvo sensacional.  

El teatro estuvo lleno, pero es relativamente pequeño y sólo  tuvieron lugar tres funciones; sin embargo, creo que la obra dio que hablar, al menos así lo sentí en algunos cafés y sobremesas (aunque reconozco que mi radio de contacto es minúsculo). Sin embargo, creo que es importante ponderar este tipo de eventos y vale la pena hacerlo en esta semana que se conmemoran los 50 años de los acontecimientos de la Chistofer St de Nueva York.  No está demás recordar al público en general que el Día del Orgullo Gay no es un despropósito y mucho menos que lo es porque no hay un día del orgullo “hétero”, son los homosexuales los que fueron perseguidos y golpeados por siglos (o milenios), no los otros. 

Aunque es posible que el discurso furibundo y las acciones sesudas de algunos activistas tengan también una importancia, creo que con humor, con diversión, con música, con alegría, con danza, ciertas ideas y verdades pueden llegar mejor a un mayor público. No olvidemos que “gay” quiere decir en  castellano simplemente “alegre”.

Lola es además una pieza enormemente sensual,  algo que en estos tiempos de retorno al Victorianismo (sin querer queriendo) no deja de ser una bocanada de aire fresco.  Tengo la esperanza de que la pieza sea repuesta para que más paceños la puedan disfrutar.
  
Agustín Echalar Ascarrunz es operador de turismo.

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