Agustín Echalar A.

El Presidente, la Zapata y el Zapatero

domingo, 07 de julio de 2019 · 00:07

La semana pasada, el Presidente Evo ha recibido una visita de primer rango, me refiero a don José Luis Rodríguez Zapatero, quien no sólo  ha sido presidente del gobierno español, sino que ha ostentado luego importantes posiciones en el ámbito internacional, más allá de que su popularidad en su patria esté bastante venida a menos.   

El caballero se ha deshecho en alabanzas para su anfitrión, despachándose sandeces, como la de que Evo hubiera hecho, durante su periodo presidencial, más de lo que hicieron los 77 presidentes previos; algo que es ya ridículo en la boca de un hombre con la penosa formación de Evo, pero que dicho por alguien que tuvo acceso a una educación de bastante buen nivel es aún más embarazoso.

Por lo demás, el problema con Evo no es si fue el mejor de los presidentes de Bolivia; el problema es que no está respetando la Constitución y alguien comprometido con la democracia simplemente no puede hacerle el juego. Los bolivianos, que estamos como secuestrados por el MAS, estamos en la triste situación de tener que seguir esta especie de parodia de una elecciones ilegales e injustas,  precisamente por la amplísima ventaja, también basada en uso ilegal de los bienes del Estado que tiene el partido de gobierno. Pero un foráneo y una personalidad con esa historia no tiene disculpa al favorecer la ilegalidad.

El jueves en la noche, puede que al calor de los brindis o de qué, ha terminado diciendo que la historia de la Zapata, la joven examante de Evo sería una fake new, no sólo de lo peor, sino de lo más repugnante  y, aparte de mostrar total ignorancia del caso, porque fue Evo el que en persona declaró que había tenido un hijo con la susodicha, ha demostrado su liviandad espiritual.  Sus simpatías le impiden ser ecuánime y es además muy suelto de lengua, algo que, dicho sea de paso, ya lo probó Evo en otra ocasión; aunque en esa oportunidad poniendo en duda la sinceridad del discurso del Presidente boliviano.  Para colmo, con esta ligereza, en realidad ha terminado dando un espaldarazo a la oposición, porque ha vuelto a poner sobre el tapete, usando su presencia y prestancia (por más devaluada que esté),  la increíble, triste y repugnante  historia de Ernesto Fidel y su padre desalmado.

 No sabemos exactamente lo que pasó en esa historia, pero sí sabemos cómo reacciona Evo ante la noticia de que tiene un hijo: no lo conoce, no se ocupa de él, no se interesa si vive o si  está muerto; no lo acaricia, no se angustia si está enfermo, no hace lo que cualquier hombre de bien haría; porque si no, no  lo hubieran podido engañar como a él, y luego de reconocer públicamente su existencia, dice que lo engañaron. Esos detalles son verdaderamente  repugnantes.

Como dirían los ingleses: Rodríguez Zapatero ha hecho a fool of himself al dar la declaración arriba mencionada y recordemos que lo ha hecho en un momento en que la violación a la Constitución boliviana se está concretando.  Es cierto que las noticias sobre el hijo de Evo talvez determinaran los resultados del plebiscito de marras, pero aclaremos: eso hubiera sucedido en cualquier país, la gente no quiere esa clase de padres, esa clase de personas,  como presidente de su país, y aquí no me estoy refiriendo a implicaciones más complejas que rodean a ese caso.

A estas alturas, la historia de la Zapata no debe ser olvidada, no sólo porque muestra parte de la personalidad del Presidente, quien quiere eternizarse, sino  porque ilustra en grado extremo la capacidad de la gente del gobierno de tergiversar los hechos y modificar la realidad para sentirse cómodos ante esa ilusión. Eso tiene un nombre en la psiquiatría,  

Agustín Echalar Ascarrunz es operador de turismo.

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