Agustín Echalar Ascarrunz

De proselitismo, cáncer y retrasos inadmisibles

domingo, 18 de agosto de 2019 · 00:12

El que se hubiera aprobado una ley para favorecer a las personas que padecen el terrible flagelo del cáncer es sin lugar a dudas una buena noticia. Cualquier avance en ese aspecto es positivo, más allá de que en estas circunstancias todo esto tenga un retrogusto a proselitismo, que en realidad pone en evidencia la indecencia de los actores políticos del oficialismo.

Es obvio que preocupa si esa ley verdaderamente va a servir para ayudarnos eficientemente en la lucha contra esa enfermedad, el asunto es relativamente simple, de lo que se requiere en primera instancia es de dinero, muchísimo dinero, tanto para crear infraestructura, para mantenerla, para poder costear las pruebas que puedan dar un diagnóstico temprano del mal y para entrenar al personal médico idóneo, algo que, dicho sea de paso, no se soluciona, porque no es sostenible, con la importación de médicos semiesclavos de algún país del Caribe.

Y si lo que nos puede causar problemas es el vil metal, porque estamos exportando menos y a menor precio, y Bolivia es dependiente de la renta gasífera y minera, y bueno, ¿con qué plata se va a implementar lo necesario y lo que estipula la nueva ley?

Y es aquí, cuando la buena noticia, nos tiene que llevar en estos tiempos electorales a plantearnos dos cosas: si existe el dinero, ¿por qué no se hizo algo antes?; si no hay el dinero, ¿podrá ser implementada la ley?

 ¿No demuestra esto una macabra forma de hacer política? Prometer alivio y posibilidad de curación a quienes padecen cáncer, que de alguna manera somos todos los bolivianos, porque aclaro, por lo menos yo, no conozco a una persona que no haya sido tocada en su familia por lo menos una vez por ese terrible mal.

A veces una buena noticia puede llegar a indignar porque nos permite sopesar el manejo de las cosas, tanto en el ámbito privado como en el público.  Este es un caso paradigmático.

Nos tenemos que preguntar por qué en estos años  de increíble y única bonanza, de precios altísimos, de ingresos inimaginables para el Estado, éste descuidó  de una manera tan negligente, tan poco comprometida, tan inhumana, un aspecto tan importante de nuestra vida.

Recuerdo a la actual Ministra de Salud, quien ya fue presidenta de Diputados y de Senadores, llorar al ver el lanzamiento del Satélite Tupac Katari, y me pregunto ¿por qué no se les ocurrió ni remotamente, durante los años de la frívola danza de millones, hacer algo que de lo que recién se ocupan luego de 13 años, seis meses, y 25 días de gobierno, habiendo tenido además durante todo ese tiempo mayoría congresal?

Vale recordar las patéticas declaraciones del presidente Evo respecto a que las canchas de fútbol podían suplir la construcción de hospitales y ni siquiera con paternalismo da para disculparlo. 

No señores, esta ley no demuestra ni un buen gobierno, ni una marcada sensibilidad respecto a las personas con cáncer de los ilegítimos candidatos del oficialismo; demuestra, pone sobre el tapete, una falencia altamente  cuestionable en este gobierno que quiere entornillarse en el poder. 

Esta ley pone en evidencia la incapacidad de la gente del MAS de poder establecer otra prioridad que no sea su permanencia en la deformada plaza Murillo, la incapacidad de entender el verdadero rol del Estado.

El retraso ha costado muchísimas vidas, muchísimo sufrimiento, y la sola aseveración del presidente Morales respecto a que él no sabía de cuán importante era este tema, lo pone bajo una luz muy poco favorecedora. Hay retrasos que incluyen negligencias terriblemente peligrosas, hay políticas que matan. Valdría la pena recordar esto al momento de emitir el voto en octubre.

Agustín Echalar Ascarrunz es operador de turismo

Confidencial

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