Agustín Echalar Ascarrunz

El mar y el Silala en tiempos electoreros

domingo, 16 de febrero de 2020 · 00:11

El viernes pasado, 14 de febrero, aniversario de la invasión a Antofagasta,  empezó nuestra temporada cívico religiosa de la plañidera respecto al mar, esa que culmina el 23 de marzo de cada año y que el anterior estuvo bastante deslucida debido al enorme fiasco de La Haya. Puntual para la fecha ha llegado a las tapas del periódico el subtema del Silala.

Los patriotas, sobre todo los de claustro, dicen que no se debe politizar ni la demanda-aspiración-trauma del mar ni la de esas aguas que van al mismo, y están obviamente equivocados porque como buenos religiosos le dan mayor importancia a los sentimientos antes que a la razón. El mar y el Silala son temas políticos y, por ende, temas electorales, y así ha sido desde que se produjo el problema o aún antes, desde que nacimos a la vida republicana en aquellos “interesantes” tiempos del primer cuarto del siglo XIX. 

Digo esto porque ahora que estamos en etapa electoral, uno de los temas que debe ser tomado en cuenta es precisamente lo que se hizo y lo que se pretende hacer con la ridícula demanda marítima que Evo Morales llevó a cabo y en la que fue secundado por moros y cristianos. 

Es hora de saber exactamente cuánto le costó al erario nacional esa derrota en La Haya que tenía como fin principal, aunque no confeso, el apostar a una eternización de Evo en el poder. Importa saber cuánto le costó al ciudadano boliviano cada lágrima que derramó el abogado Brotons en esos tribunales y se tienen que establecer responsabilidades. Precisamente porque era una propuesta irracional, ya que se sentaba en una idea que hubiera acabado con buena parte del quehacer diplomático. 

Pretender que las negociaciones, aunque incluyan ofrecimientos sin acuerdos, impliquen compromisos que se deben honrar es un absurdo, es una negación del ejercicio de la diplomacia. 

En La Haya no perdimos el mar, lo perdimos en el 79 del siglo antepasado, pero pasamos un bochorno muy feo como país y perdimos una millonada, y eso sí se pudo evitar. Los responsables de este fiasco y esta sangría de dinero deben ser identificados. Me imagino que será imposible recuperar el dinero malgastado, pero de los errores se debe aprender en serio y eso se hace asumiéndolos plenamente.

Ahora con el juicio sobre el Silala, lo que es obvio, por razones orográficas,  es que nuestra premisa debería ser que el agua no va de abajo para arriba, y eso tal vez nos hubiera ahorrado otra buena cantidad de verdes. 

El juicio en La Haya ha sido la peor intervención diplomática que ha hecho Bolivia desde su fundación, además la más cara y hasta ahora la menos transparente. Hoy con la Cancillería en otras manos y con el Estado en otras manos, es hora de tener la información completa. Esto no tiene sólo interés histórico,  no olvidemos que el triste excanciller Choquehuanca, bajo cuya dirección (por lo menos oficialmente), Bolivia planteó esa demanda, pretende ser elegido como vicepresidente del país. 

Choquehuanca ha demostrado que es capaz de asumir posiciones para las que no está preparado y además ha demostrado que es capaz de deshacerse de quienes pudieron orientarlo adecuadamente y que es proclive a escuchar a los ineptos o, peor aún, a sojuzgarse a los irracionales del otro lado de la plaza Murillo.

Sí señores, el tema del mar y  del Silala deben ser ampliamente discutidos en esta etapa de la campaña electoral. Tenemos que saber clara y concretamente, sin meandros ni respuestas ambiguas, la postura respecto a ello de cada uno de los candidatos. No por la importancia real que estos asuntos tienen para la vida de los bolivianos, que es leve o nula, sino porque se trata de madurar como sociedad. Que eso suceda sólo es posible si se tiene líderes y actores políticos maduros.

Agustín Echalar Ascarrunz es operador de turismo.

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