Agustín Echalar Ascarrunz

Mandamiento XI: no saldrás (a menos que sea necesario)

domingo, 29 de marzo de 2020 · 00:12

La idea de que estamos en una guerra puede ayudarnos a soportar todo, empezando por el hecho de no poder salir de nuestras casas, de no poder comprar lo que queremos o lo que necesitamos; la idea de, finalmente, no tener dinero para hacerlo. Hasta podemos estar agradecidos porque es una guerra sin bombas, sin destrucción de infraestructura, sin amputaciones, sin sangre por doquier.

Sí señores, estamos en una guerra, pero comparada con las verdaderas guerras, podríamos decir que lo que estamos viviendo es un paseo, es algo más fácil de manejar, inclusive porque a pesar de todo sabemos que la tecnología, tarde o temprano, va a lograr librarnos del enemigo.

Si comparamos este evento con lo que pasó con las generaciones que vivieron la Primera y la Segunda Guerra Mundial, casi que no alcanza el ánimo para quejarse. Si lo comparamos con epidemias, como la gripe, española también estamos en condiciones mucho menos desastrosas. La medicina está enormemente más desarrollada y el mundo es más rico y puede afrontar estas catástrofes de mejor manera.

El problema es que esta guerra, esta pandemia, es contra un virus que es extremadamente contagioso, y eso nos lleva a un problema médico y moral: las instalaciones médicas, aún de los países más ricos, pueden colapsar,  ni qué decir de las nuestras, y no estamos en condiciones éticas de dejar que mueran quienes de tener acceso a un tratamiento se pudieran salvar.

La decisión de poner al mundo entero en cuarentena sigue una lógica médica que también la puede entender el layo, esa es la forma de parar con el virus, evitar contactos entre personas.  Pero tenemos un problema social de dimensiones mayores, porque simplemente no es verdad que se puede mandar a todo el mundo a su casa; eso no es posible ni aquí, ni en Alemania, ni en Italia, ni en ninguna ciudad moderna, ni siquiera desde el punto de vista médico, porque para que funcione el sistema médico tiene que funcionar una enorme cadena de proveedores de insumos y servicios que no pueden hacer su labor desde el encierro de sus casas.

Aún las sociedades ricas, que pueden permitirse un paro de las dimensiones que estamos viviendo, que eventualmente darán dinero a quienes no lo pueden ganar, y a quienes no lo tienen, tienen que seguir disponiendo de un número importante de personas activas, que salgan de sus casas para poder alimentar a la población,  para que los médicos puedan hacer su trabajo y para mantener mínimamente la infraestructura en funcionamiento: luz, agua, gas, etcétera.

El problema con las sociedades pobres como la nuestra (sí Evo, pese al cacareado mayor crecimiento económico de la región, seguimos siendo los más pobres) es que a eso se añade la situación real de las personas que no tienen reservas que les alcance hasta el fin de mes y, en algunos casos extremos, hasta el final del día.

El miércoles pasado las normas de la cuarentena fueron endurecidas y durante la semana hemos tenido al Ministro de Gobierno ofreciendo cárcel a gil y mil, de una manera muy destemplada.

 La realidad que se está viviendo no refleja ni las normas ni el discurso punitorio. A mí me toca, por mi carnet, salir los jueves; e hice eso para tratar de solucionar asuntos bancarios y comprar algo de alimentos y, bueno, pude ver cómo conviven situaciones de profundo cuidado en temas higiénicos y de prevención, como en supermercados y farmacias, y el muy pobre cuidado, por ejemplo, en el mercado de mi barrio. Los ritmos de vida conviven en estrechos espacios.

Creo que en el curso de las próximas semanas se tiene que ir acomodando la carga, creando sistemas para que la gente pueda adscribirse a la cuarentena y pueda satisfacer sus necesidades, disminuyendo al máximo las posibilidades de contagio.

La cuarentena debe verse tanto como una obligación como como un privilegio. Es importante proteger a los demás no saliendo, pero es una suerte poder hacerlo y uno tiene, por todos los medios, tratar de evitarlo.

Agustín Echalar Ascarrunz es operador de turismo.

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