Agustín Echalar Ascarrunz

Los respiradores y los suspiros que dejan

domingo, 24 de mayo de 2020 · 00:12

La semana pasada ha sido una semana muy fea, y es que enterarse que hubo un sobreprecio escandaloso en la compra de artefactos que son muy importantes para tratar de salvar las vidas de los personas que han enfermado con Covid-19 no puede dejar a nadie con una sonrisa en el rostro, (A menos que pueda ver en eso alguna oportunidad política).

Existen una serie de aprendizajes que se pueden asimilar a partir de estos hechos - más allá de que es importante encontrar a los responsables y, eventualmente - culpables de esta sangría al erario, que además tiene su lado extremadamente bochornoso.

De las lecciones, la primera persona que tiene que aprender es la Primera Mandataria.  Sí Señora, nunca, pero nunca más, se le ocurra ir a entregar nada en actos que, además, tienen toda la cara de ser proselitistas. No es el rol del Presidente de una República hacer ese tipo de escenificaciones, esa es una costumbre de sátrapas estilo Evo, de sistemas que se fundan en el culto a la personalidad. 

El haber ido personalmente a entregar esos equipos, mal escogidos, mal comprados, y mal pagados, es un desportillazo para la investidura presidencial, y esa era una situación que pudo haber sido evitada.

Por supuesto que la otra lección es para toda la administración pública, empezando por cualquier ministro;  es que si algo se ve muy caro, y encima hay ofertas más bajas, un funcionario del Estado no debe hacer esa compra. La ley de oferta y demanda funciona si se toman en cuenta todas las ofertas, o por lo menos varias, y no sólo la más cara. Hay además leyes al respecto.

Hay algo más, tenemos que aprender, y lo antes posible, a no encarcelar a la gente ante el menor indicio de culpabilidad. La prisión preventiva es una de las peores aberraciones, no sólo de nuestro sistema jurídico, sino que devalúa  nuestra condición de ciudadanos: vivir en Bolivia es peligroso, si te acusan de algo, aunque seas inocente y puedas probarlo; no queda otra opción que o ser vejado o huir. 

Los que conocen de cerca el ámbito judicial dicen que aunque nunca fue idónea, la justicia boliviana empeoró notablemente en los últimos 14 años. Las detenciones preventivas en el caso de los respiradores demuestran que eso no ha mejorado con el cambio de gobierno.

Se podría pretender aprender la lección de no confiar en los funcionarios que habían sido contratados en la época masista, aunque en este caso tengo que decir que más bien es una señal positiva el que no se hubiera hecho una masacre blanca con esos funcionarios, que se los hubiera mantenido, eso dice bien del actual gobierno, pese al altísimo costo que esta actitud ha tenido, eventualmente. 

De cualquier manera, pese al enorme disgusto, a lo inaceptable de pagar el triple por un producto que ni siquiera es el que realmente se necesita, tal vez lo importante es ver que hasta ahora la situación de Bolivia no está entre las más críticas de la región. 

Podemos darle crédito a la suerte, pero si somos menos mezquinos, también podemos ponderar la política que se ha implementado respecto a la pandemia. 

La gente reclama por que la cuarentena no está siendo completamente respetada, pero de alguna manera esta está teniendo lugar. Siguiendo la antigua costumbre de nuestros antepasados, en tiempos de los virreyes, la cuarentena se está acatando, pero no se está cumpliendo, eso puede poner nerviosos a los más modernos y a quienes quieren tener las reglas claras, pero es una fórmula que al final funciona. 

Este es un país tremendamente informal, no podía ser diferente con la cuarentena, la cual llega mejor donde puede de alguna manera llegar el Estado, y aclaremos, éste no llega ni siquiera a los últimos rincones de la sede de gobierno. 

La convivencia entre quienes pueden quedarse en casa y quienes no se está dando de una manera que merece un estudio aparte: en la zona sur, la venta de verduras y frutas cada tres esquinas es una muestra de ello.

El escándalo de los respiradores no es poca cosa y debe ser tomado en serio, pero tampoco debe llevar a una desestabilización del gobierno, algo por lo que apuestan algunos. Es parte del aprendizaje en estos “tiempos interesantes”. 

Agustín Echalar Ascarrunz es operador de turismo.

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