Agustín Echalar Ascarrunz 

Descolonización

domingo, 14 de junio de 2020 · 00:11

Uno de los viceministerios del desaparecido Ministerio de Culturas y Turismo era el de “Descolonización”, que estuvo a cargo, desde su creación, de un señor Cárdenas, cuya mayor referencia era ser el padrastro de la hija del Presidente del Estado Plurinacional. 

El asunto de la descolonización es muy complejo, porque además se confunde con un rechazo a las raíces españolas de esta parte del mundo, y tal vez porque es en realidad un discurso colonial. A  lo que me refiero es a ese deseo de copiar todo lo que sucede en la parte más rica del mundo:  así como algunos que, con cierta cursiles, copiaban la moda parisina o la culinaria francesa;  otros, más sofisticados (o no) copian el desarrollo de las ideas. 

La descolonización, como un ejercicio de pensamiento y de políticas dentro del proceso de independencia del África,  en los años sesenta y setenta, y posiblemente hasta ahora, tiene un gran sentido, en especial debido a las circunstancias de lo que fue la colonización de buena parte de ese continente, en el siglo XIX y principios del XX. 

Hablar de descolonización casi 200 años después de la independencia de un país, y luego de más de 20 generaciones del encuentro y mezcla (sangrientos o no) entre conquistadores y conquistados es algo muy difícil, precisamente porque ya no se sabe cuáles características “coloniales” no se han convertido en rasgos de absoluta identidad local. Es en esa medida que, posiblemente, un ejercicio descolonizador sea no sólo un “gasto absurdo”, sino un real “absurdo”, porque no se lo puede llevar a cabo, y tampoco es deseable.

El mestizaje, presente en las gentes y en todos los aspectos de la cultura, desde la agricultura, la música, la danza, la religión, el lenguaje, la comida, etcétera, es un resultado de la Conquista y la llamada Colonización.

El actual candidato a la Vicepresidencia por el MAS se inauguró como hombre de Estado de la manera más ridícula cuando declaró, todo pancho, que él no leía libros porque “la escritura había sido traída por los españoles”. Corría el año 2006, él era el flamante canciller, el entrevistador el Gringo  Gonzales, que luego sería Presidente del Senado masista. Ninguno de los dos se sonrojó ante la enorme estupidez.

Creo que en todos estos años el trabajo que hubiera podido tener un viceministerio de descolonización no fue otra cosa que un gran gasto de dinero, más allá de que es importantísimo luchar contra el racismo en nuestro país. El problema es que un paquete descolonizador, en un país habitado por una buena cantidad de descendientes de colonizadores, que dicho sea de paso no eran necesariamente conquistadores y ni siquiera ricos terratenientes, sino labradores (acá y allá), es desde una cierta perspectiva también una visión racista. Una descolonización en la Bolivia actual puede tener como antecedente una desjudaización ibérica de hace cuatro siglos (si forzamos un poco las cosas).

La supuesta descolonización masista fue un fraude, en primer lugar para la propia clientela indígena de ese partido político, pero también a nivel nacional.  A la declaración de los 36 idiomas oficiales era imposible darle verdadera vida, al extremo de que nunca llegaron siquiera a tener un traductor al quechua o al aymara en la Asamblea Legislativa. 

Curiosamente, el mayor logro cultural de tiempos de Evo, la Biblioteca del Bicentenario, ha sido un homenaje a esa república mestiza, con fuerte raigambre española, de la que supuestamente tanto renegaba el partido de la “revolución cultural”. 

El futuro cultural boliviano sólo puede construirse a partir de una comprensión completa de su pasado, de los eventos de antes de 1532, y de aquellos que se sucedió después de esa fecha. Casi 490 años son tiempo suficiente para crear una amalgama, que es la esencia misma  de nuestra identidad cultural, el mestizaje. 

No, un viceministerio de descolonización tampoco es necesario. 

Agustín Echalar Ascarrunz es operador de turismo.

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