Agustín Echalar Ascarrunz 

Piñas baratas en Plaza Murillo

domingo, 13 de junio de 2021 · 05:11

Las escenas de pugilato que tuvieron lugar en el hemiciclo del Palacio Legislativo el lunes pasado son simplemente inaceptables. Son una falta de respeto a la institución que es la Asamblea Plurinacional, al país entero  y, por supuesto, a cada uno de los ciudadanos.  Si los involucrados tuvieran un poco de vergüenza en la cara deberían renunciar a sus curules, dicho sea de paso; aunque no necesariamente para casos como éste, se tienen suplentes y éstos pueden ser fácilmente activados. 

El mayor responsable en este bochornoso evento es, sin duda, el que dio el primer golpe, pero la gresca fue un baile de a dos, ridículo por donde se lo vea; no sólo por el mal ejemplo ante la ciudadanía, sino porque resultó una pelea que más parecía un encontrón de borrachos agresivos.

Reitero, la mayor responsabilidad recae sobre quien dio el primer golpe, pero ambos tiraron por los suelos su investidura y su dignidad. No señores, ninguno de los dos merece ser senador o diputado, ni merece recibir dietas. No merecen tener la responsabilidad de legislar.

El espectáculo ha tenido enormes repercusiones, inclusive internacionales, y eso es comprensible porque los países serios resultan demasiado aburridos; mientras que este tipo de situaciones llaman la atención, y posiblemente sirvan de una suerte de alivio para suecos o finlandeses, me refiero a la monotonía de su vida pública. Pero por supuesto que también ayudan a consolidar los prejuicios contra estos países que no dejan de ser de opereta o de dramón mejicano. 

Lo desagradable de este evento es que no hay unas disculpas claras de parte de los actores de este exabrupto y tampoco de sus tiendas políticas. Este hecho no debe ser normalizado, su castigo es importante no sólo para mantener las formas civilizadas de convivencia dentro del Parlamento, sino porque tiene calidad de ejemplo, de mal ejemplo en este caso, para todo el país.

Habiendo cámaras es relativamente fácil saber quién empezó la agresión física, pero más allá de ese detalle, vale insistir en que se trata de una falta compartida.

Los atenuantes son la crispación en la que estamos viviendo como sociedad en los últimos tiempos. Entre el Covid, que ha trastornado completamente nuestras vidas y una vida política de vaivenes entre izquierda y derecha (donde por lo visto la única constante ha sido la corrupción) y donde se ha enseñoreado la mentira y las versiones más fantasiosas de teorías conspirativas, es también comprensible que la gente salga de sus casillas. Debe, sin embargo, asumir de todos modos sus actos y sufrir las consecuencias de éstos.

De cualquier manera, es de esperar que la presidencia de ese poder del Estado se pronuncie en forma contundente y no a partir de los intereses de su partido. Este es un desafío mayor para don Andrónico (aunque griego, me suena tan chileno ese nombre),  pero también es una gran oportunidad para mostrarse no como jefe de bancada o cuadro de su partido, sino como tercer servidor del Estado. Esperemos que aunque sea con retraso, su racionalidad se imponga.

Mientras tanto, para los parlamentarios en general, tal vez unas clases de yoga,  o si no hacen ascos a lo imperial español, unos  ejercicios espirituales ignacianos no les haría nada mal. Los villanos del momento tienen que pasar por supuesto por un estudio psicológico, sí o sí.

La semana pasada, a falta de vacunas, hemos tenido circo, uno con payasos deplorables (ojo que hay señores payasos, pero éstos no lo son) que querían hacerse pasar por gladiadores y afuera, en las calles, la gente sigue enfermando y las muertes son cada vez mayores. Y el Gobierno sigue perdiendo puntos. 

Agustín Echalar Ascarrunz  es operador de turismo.

 

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