Ventana al mundo

Hay que esperar para dialogar con Chile

lunes, 29 de octubre de 2018 · 00:08

Los estadounidenses tienen una frase clásica: “timing is everything” o sea, hacer las cosas en el tiempo justo significa todo. Por eso es tan importante no adelantarse ni ser “metete”. Esto lo aprendemos desde niños y es valiosa guía en nuestras vidas. Sin embargo, hasta avezados políticos a veces meten la pata por apresurarse inoportunamente en lugar de hacer las cosas en el momento adecuado.

Ese caso ha sido palpable en la última carta enviada a su colega chileno Sebastián Piñera por el presidente Evo Morales. Tras el inesperado fallo del 1 de octubre, al retornar primero concedió una curiosa conferencia de prensa. Allí se refirió despectivamente al fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) llamándolo “informe” y emitió expresiones fuera del nivel esperado de un Jefe de Estado, conductor nato de la política exterior.

Pocos días después, Morales cambió de tono y mandó una acaramelada carta a su par transandino, donde reconoce la sentencia y pide que “pronto” se inicien conversaciones sobre el enclaustramiento. Si bien lo hizo en función de una parte considerativa del dictamen de la CIJ acerca de que Chile no estaba obligado a negociar con Bolivia un acceso soberano al mar, la falta de “timing” fue lamentable. Morales le dio pie a Piñera para que emita frases llenas de ironía. ¿Quién asesora al primer mandatario en estas cosas

El anterior papelón de la conferencia de prensa bastaba enmendarlo con el reconocimiento del fallo y en simultáneo, manifestar que oportunamente se auscultarán las condiciones objetivas para reiniciar el diálogo sugerido por la Corte. Punto. Y mientras, por elemental prudencia, debió saber esperar. Tras más de cinco años de litigio judicial deben calmarse primero las aguas y dejar pasar algo de tiempo. Luego se buscará o surgirá el momento propicio.

En todo caso, sí vale reiniciar encuentros técnicos en asuntos de interés común tales como contrabando, comités de fronteras, problemas portuarios, migraciones, etc. Solicitar reuniones de alto nivel para buscar salida al mar tan pronto ha concluido un largo pleito sobre el tema, resulta fuera de lugar y no representa patriotismo ni nada, más bien demuestra una obsesión personal que no reporta ningún beneficio en favor de la noble causa marítima.

Dicho esto queda otro espinoso elemento. El artículo 267 sobre reivindicación marítima de la enciclopédica Constitución Política del Estado vigente desde 2009 será siempre un escollo insalvable. Pragmáticamente, habría que ver en una futura reforma constitucional la forma de eliminarlo o reescribirlo para que sea menos contradictorio ante el Derecho Internacional Público (DIP), cuya fuente básica de ordenamiento son los tratados.

Y un tratado firmado, convalidado y registrado (el de 1904, que tampoco nunca estuvo en discusión en La Haya) es lo que nos impide volver al mar. Entonces, lo de “derecho irrenunciable” y lo que sigue habría que modificarlo por algo más potable a nivel del DIP y del único país que -si quiere y le conviene- puede darnos lo que queremos: Chile. Para no caer en la antipática “aspiración” -sempiterna muletilla de La Moneda- podría expresarse “imperiosa necesidad” o algo así, pero nunca nada que entre en contradicción con la práctica jurídica. Fríamente hablando, no se puede proclamar un “derecho irrenunciable” si expresamente se ha renunciado a ese derecho mediante un acuerdo formal reconocido por las partes y por la comunidad mundial.

Así son y están las cosas, gusten o no. Ya es hora de sacarse el velo de los ojos y abandonar patrioterismos huecos o agresividades al fósforo, que hasta ahora no nos han llevado a ninguna parte. La única verdad es la realidad, Aristóteles dixit.

Agustín Saavedra Weise es economista y politólogo.

www.agustinsaavedraweise.com

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