Puentes en China, cuentos chinos en Copacabana y Urubó

lunes, 12 de noviembre de 2018 · 00:12

Como muestra tal vez no valga un botón pero tres puentes  sí valen. En 2016 China inauguró  dos máximos a nivel planetario: el de más altura y el de más vidrio. Hace poco Beijing inauguró el puente de mayor longitud del globo que conecta las excolonias (e islas) Hong Kong y Macao con el continente. El anterior viaje terrestre llevaba cuatro horas, por la flamante estructura será de 30 minutos. El nuevo puente de 60 kilómetros es 20 veces más largo que el icónico Golden Gate de San Francisco.

 Como en toda obra nueva no faltaron polémicas que abarcaron gamas diversas, desde ambientales hasta ingenieriles. Al final, los puentes se hicieron rápido y al punto. Así son las cosas cuando el único interés es la Patria, hay decisión firme y existe visión de futuro en función del desarrollo sostenible, fórmula eficaz para mantener el equilibrio dinámico del humano con la naturaleza. No podemos tener todo natural sin permitir el desarrollo de los pueblos. Tampoco puede haber un desarrollo humano salvaje; de ahí la fórmula “sostenible” o “sustentable”, que siempre debe tomarse en cuenta para proceder, dejando fanáticos de un lado y del otro fuera del circuito.

 En la aislada Copacabana (cuyo nombre le dio origen a la famosa playa carioca homónima) meses atrás Evo Morales inauguró un pequeño aeropuerto. Lo hizo en medio de justificados abucheos de los lugareños, para quienes el puente sobre el estrecho de Tiquina  -que los uniría plenamente con el departamento de La Paz- es mucho más importante que un aeródromo elitista que sólo usarán turistas de alta gama, ejecutivos o gente del Gobierno. 

Pero claro, el oligopolio de los lancheros se opone  desde hace años al puente y por esos retrógrados intereses el histórico pueblo sigue sin una comunicación vital y -como me confesó un vendedor ambulante allí- muchos habitantes cada vez con más ganas de ser peruanos, pues piensan que desde Lima los cuidarán mejor ante el abandono que sufre Copacabana por parte de Bolivia. No lo culpo al que habló y lo comprendo. A todo esto, el puente sigue demasiado lejos, pese a proyectos y palabreríos de rigor.

 En el lado oriental del país algo parecido , y hasta más grave, sucede con la discordia por los puentes entre  los municipios de Santa Cruz de la Sierra y Porongo, localidad donde se encuentra la floreciente urbanización del Urubó. Se aducen razones ecológicas atendibles y que son perfectamente superables. Por eso no faltan quienes creen que podría  haber más bien razones “negociológicas”. No lo sé, tal vez puede ser o no. Lo real: se buscan mil pretextos para no concretar hasta ahora los puentes, que ya deberían ser por lo menos tres o cuatro, para así aliviar la sobrecarga del único existente, construido hace 20 años por un empresario pionero ya fallecido.

 Mezquindades disfrazadas de pretextos obstaculizan el inicio de obras mientras los dos municipios inconscientemente se disparan al pie. Así andamos... Cuesta creer que en algún momento las tierras del Grigotá tuvieron una de las tasas de crecimiento más grandes del mundo. Esa brillante época pasó, igual que la lúcida dirigencia que la ejecutó.  Ahora priman la mediocridad e intereses. Una pena, pareciera que las cosas se traban hasta que los negocios de las partes convergen. Y así es como mientras China avanza con la velocidad de una nave espacial,  nosotros acá, en Bolivia, lo hacemos al ritmo de lentas tortugas.

Agustín Saavedra Weise  es economista y politólogo. www.agustinsaavedraweise.com

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