Ventana al mundo

Cambio climático y fricciones geopolíticas

lunes, 21 de enero de 2019 · 00:10

El cambio climático es como jugar mucho tiempo a la ruleta en el casino; a la larga siempre se pierde. La expresión le pertenece a William Nordhaus, premio Nobel de Economía. Y vale recordar que existe un teorema matemático al respecto, llamado justamente “la ruina del jugador”. Las emisiones de gases de efecto invernadero continúan aumentando y muchos aspectos climáticos son preocupantes. Así están las cosas tras la última cumbre de diciembre 2018 en Polonia. Y ya van muchos cónclaves. El “efecto reunión” es otro factor dañino para el medioambiente debido a tanta cháchara y poca sustancia. Algo se va avanzando, pero con lentitud y peligros a la vista.

La configuración del mundo presente -que gestó con sus acciones el dañino cambio climático- al mismo tiempo creó inéditas tensiones geopolíticas por posibles conflictos en torno al uso y/o a la destrucción de recursos naturales. Y mientras, en las Naciones Unidas se habla mucho y poco se hace; estamos en la peor de las situaciones. Sin ir muy lejos, basta con echarle un vistazo a nuestra Bolivia. Tenemos una administración que se llena la boca con fraseología proteccionista del medioambiente al mismo tiempo que por otro costado hace exactamente lo contrario. Los ejemplos sobran y el lector los conoce, no vale la pena repetirlos. El Gobierno nacional se asemeja al cura Gatica, que predica y no practica. Tampoco vale caer en extremismos ecológicos. Es necesario un equilibrio y para ello tenemos al desarrollo sostenible o sustentable.

La Agencia Aeroespacial Norteamericana (NASA) expresó tiempo atrás que la Tierra es nuestra única nave preparada para un viaje espacial largo. Ergo, debemos cuidarla mucho, para nosotros y para futuras generaciones. Ya estamos llegando a límites peligrosos en materia de calentamiento. Si no queremos ser testigos en estos días que vivimos de catástrofes irreversibles o sufrir sus consecuencias, urge avanzar con la expansión de matrices energéticas basadas en  energías limpias. En este campo ya me referí antes a la posibilidad de utilizar al máximo la energía eterna del sol, especialmente ahora que el costo de los paneles solares se redujo en forma enorme. De la misma manera, cabe proceder con la fuerza de los vientos, la del agua y la del conjunto llamado biomasa, aunque a estos últimos tres elementos hay que manejarlos bien dado que pueden generar algunos efectos secundarios o paisajistas que deben ser estrictamente controlados, lo que no sucede con el uso del sol, mi preferido de lejos. El desarrollo masivo de la energía solar transformará al mundo. Tengan esto presente.

La nueva geopolítica del cambio climático podrá generar entendimientos y, por otro lado, agudizará conflictos o los creará. Urge consensuar entre las grandes potencias para evitar guerras por materias primas y/o por el avance inexorable de algún daño ambiental que sea involuntario gestor de fricciones. En este último caso, se observa con preocupación el progresivo deshielo del océano Ártico. El proceso está abriendo nuevas rutas de navegación y simultáneamente una caja de Pandora plena de ambiciones geopolíticas. Los Estados que confluyen en la zona quieren aprovechar  también los recursos naturales del Ártico. Urge lograr un acuerdo entre partes que calme tensiones y mitigue codicias. En 2005 un submarino ruso puso una bandera de titanio en el fondo marino del Polo Norte; una manera clarísima de expresar “aquí estoy yo”. Para el Ártico no existe un tratado multilateral  semejante al de la Antártida. Ergo, no se puede descartar una escalada en la región si los ánimos se caldean. Ante estas posibles situaciones y por la magnitud de los problemas que la sociedad mundial deberá enfrentar en común, resalta la vital importancia de alcanzar un New Deal ambiental, un acuerdo global consensuado que sirva de sombrilla protectora ante situaciones que inevitablemente surgirán como consecuencia del cambio climático.

Agustín Saavedra Weise es consultor internacional, economista y politólogo.

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