Ventana al mundo

El retorno del pensamiento en grande

lunes, 18 de marzo de 2019 · 00:08

El notable escritor  ruso, disidente político y ganador del  Premio Nobel de literatura Alexandr Solzhenitsin (1918-2008) pronunció un importante discurso en  la Universidad de Harvard (Boston, Estados Unidos) allá por el 9 de junio de 1978. El evento tuvo lugar poco tiempo después de haber sido liberado de un campo de concentración para los enemigos ideológicos del régimen comunista, en la ahora extinguida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

 Contra la sorpresa de los estudiantes asistentes, que pensaban escuchar una lacrimosa letanía anti-Moscú, he aquí que el exiliado autor  más bien denunció a la sociedad occidental, que según él había adquirido una preocupante  similitud con las sociedades controladas por el comunismo en términos de asfixia de la vida espiritual. Solzhenitsin dijo que  la vida espiritual se había perdido tanto en Occidente como en Oriente e insistió en la necesidad de un “aumento espiritual”.

Agregó que la ceguera falaz de la superioridad sostiene la creencia de que las vastas regiones de nuestro planeta deberían desarrollarse y madurar al nivel de los sistemas occidentales actuales, que en teoría son los “mejores” y, en la práctica, los más “atractivos”. Existe la creencia de que todos esos otros mundos sólo están siendo “prevenidos temporalmente"” (por gobiernos malvados, crisis pasadas o por su propia “barbaridad” e “incomprensión”) de tomar el camino de la democracia pluralista occidental y de adoptar el modo de vida occidental.

 Agregó que esa era una concepción desarrollada a partir de la incomprensión occidental de la esencia de otros mundos distintos y del error de medirlos a todos con la vara del Oeste. En definitiva, reprendió la arrogancia y la presunción de la  superioridad de la cultura occidental  sobre otras. Sus concepciones fueron globales, de alto vuelo,  no entró en particularismos.

 Tal vez por exponer pensamientos continentales de vasto alcance, la mayoría de los estudiantes que asistieron al evento no fue muy receptiva y hasta lo criticó al no entender los bien. Muchos opinaron que era “anticuado” y “abarcaba varios temas a la vez”... Esos jóvenes ultra especializados de Harvard habían olvidado la manera de pensar en grande, de pensar en función de los enormes espacios y los grandes  problemas del mundo.

Olvidaron así -involuntariamente-el lema “Veritas” (verdad), símbolo de esa icónica casa superior de estudios norteamericana. Subsumidos  cada uno de ellos en una estructura mental reducida por inducción, los estudiantes desdeñaron en su inocente ignorancia al gran escritor ruso en lugar de intentar comprender su sentido global.

 Cada vez es más difícil encontrar generalistas    interdisciplinarios  al estilo del genial Alexander von Humboldt (1759-1859) o del  laureado ruso, pero los hay y pronto habrán más. Después de un largo eclipse de la visión integral provocado por el auge de los “especialistas”, poco a poco se percibe el retorno del pensamiento estratégico, del pensamiento en grande. A más de 30 años de ese histórico discurso de Solzhenitsin, muchas cosas han cambiado.

Ha surgido nuevamente la necesidad de imaginar, ver, observar, los grandes espacios físicos y mentales, para así poder auscultar luego detalles y hasta analizar minucias.

 Felizmente y mientras persiste la especialización, en paralelo la necesidad de   pensar en grande ha vuelto a tener vigencia. Está comprobado que todo elemento o problema debe mirarse en primera instancia desde la perspectiva del águila; luego vendrá el momento de sumergirse en los detalles.

Agustín Saavedra Weise  es economista y politólogo. www.agustinsaavedraweise.com

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