Ventana al mundo

Tensiones ambientales y geopolíticas en el Ártico

lunes, 27 de mayo de 2019 · 00:06

Al revés de su contraparte sur que tiene un continente congelado (la Antártida) en el Ártico  solamente hay hielo, ahora éste en creciente disminución por causa del calentamiento global. Al mismo tiempo que se abren nuevas rutas de navegación por parajes otrora eternamente congelados y hoy abiertos, se están generando potenciales conflictos geopolíticos, a lo que cabe agregar el desastre ecológico que está causando el progresivo deshielo. Los expertos aseguran que para fines del presente siglo se tendrá un ártico casi totalmente descongelado. Algo deberá hacerse y pronto; habrá una crisis de proporciones universales si prosigue la  aceleración del deshielo; el dañino proceso  liberará materiales tóxicos que contaminarán la atmósfera terrestre.

 El Círculo Polar Ártico incluye ocho países: Dinamarca (poseedora de Groenlandia), Estados Unidos (por Alaska), Canadá (40% de su territorio), Islandia, Suecia, Noruega, Finlandia y Rusia. Esta extensa región incluye el océano Glacial Ártico y áreas de tierra circundantes. Hace unos años el presidente Vladimir Putin ordenó desplegar una bandera rusa de titanio en el lecho marino del Polo Norte, creando conmoción en la comunidad internacional por las potenciales implicancias de dicha acción, ejercida nada menos que desde un submarino nuclear.

 En el fondo del Ártico existen gigantescas reservas de minerales, gas y petróleo. Ahora que el deshielo permite la explotación de esos recursos y abrió zonas para la navegación, crecen las susceptibilidades en lo que antes era un ambiente pleno de pacifismo. Más allá de algunas convenciones de naturaleza ecológica y de las periódicas reuniones del Consejo Ártico -formado por los ocho países nombrados y representantes de las comunidades indígenas de la zona- no existe en la actualidad un acuerdo internacional concreto, como sí lo hay en la Antártida.

 Frente al actual panorama urge la firma de un Tratado Ártico; solamente así se podrá regular la protección del medio ambiente, lograr algo de armonía ante una eventual escalada geopolítica por la explotación de las materias primas de la región e intentar conciliar diversas pretensiones sobre el lecho marino. Por otro lado, la Convención del Mar de 1982 deberá ser revisada para lograr consenso entre las partes, en especial por el tema de las 200 millas de zona económica exclusiva.

 Hay lugares como el archipiélago Svalbard -ubicado en aguas noruegas pero de manejo autónomo- que arrastran la posibilidad de enfrentamientos. No en vano dicen que Svalbard es el talón de Aquiles de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) debido a la constante  presión rusa  en el lugar. El panorama es complicado, pero confiamos en que prime la voluntad de lograr un entendimiento que preserve la calidad del Círculo Polar Ártico en términos de paz global, ambiente, flora y fauna, sin desmedro de la concertada explotación compartida de algunos recursos, siempre que eso no ponga en peligro la ya maltratada salud ecológica de la región y de nuestro planeta.

El Consejo Ártico -al término de su reciente reunión bianual- emitió una declaración conjunta que excluyó al cambio climático. Por presión de Washington  y como el documento final es siempre de consenso, se optó por no opinar acerca del tema, pese a la urgencia del momento presente. En fin, por encima de algunas bravatas más políticas que militares, creemos que primará la racionalidad y los actores principales irán dando pasos positivos  hacia un Ártico de cooperación multilateral, con miras a que sea un inmenso espacio pacífico y sostenible en términos ecoambientales.

Agustín Saavedra Weise es economista y politólogo.

www.agustinsaavedraweise.com

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