Agustín Saavedra Weise

Estados Unidos y los herederos de Gengis Khan

lunes, 24 de junio de 2019 · 00:10

La otrora poderosa Unión  de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) sostuvo una sórdida guerra fría contra Estados Unidos y sus aliados del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)  desde fines de la Segunda Guerra Mundial hasta la debacle que extinguió a la URSS en 1991 y precipitó la creación de 14 naciones independientes. Rusia fue la heredera del asiento soviético en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en calidad de miembro permanente con derecho a veto. Con la extinción de la URSS, el poder global de la potencia eslava telurocrática (terrestre) quedó disminuido frente al de Estados Unidos,  su rival talasocrático (marítimo) y  heredero natural del dominio británico en los océanos. 

 A lo largo de casi 50 años de un conflicto sin balas –pero sí con ideología y amenazas mutuas– hubieron avances y retrocesos de ambas partes. Uno de los capítulos dramáticos se dio en las Américas (1962) con la crisis de los misiles en Cuba. Anteriormente hubo otra situación grave en Europa debido al bloqueo de Berlín por la URRS. 

El problema se resolvió mediante un puente aéreo que abasteció a la entonces dividida capital alemana. En el incidente de Cuba, a nivel de propaganda Estados Unidos salió “vencedor”. En la práctica, la astucia rusa logró con el retiro de sus misiles su principal objetivo: el compromiso  formal de Estados Unidos de no invadir jamás Cuba, lo que antes ya intentaron en bahía de Cochinos, fracasando estrepitosamente. 

 Las tensiones y rivalidades URSS-Estados Unidos eran muy grandes, abarcaban prácticamente todo el globo terráqueo, pero en los niveles de intercambio comercial la relación era de baja intensidad. Aunque luego vino la  época de la  distensión, la relación económica soviético-americana nunca fue relevante.

 Una vez desaparecida la URRS y fragmentarse en varios países, la actual Rusia de Vladimir  Putin –ya renovada y fortalecida luego de los desastres de los primeros gobiernos del poscomunismo– continúa con sus esfuerzos de equiparar por lo menos su poder nuclear con el antiguo rival, pero no mucho más. La economía rusa es menor que la de Estados Unidos; le resulta imposible competir de igual a igual. 

 El avance de la República Popular China (RPC) se afianza y se espera que hasta fines de 2019 crezca casi el triple que Estados Unidos. Hoy el PIB chino es 28% mayor al de Estados Unidos. Tómese en cuenta que para 1980 el PIB del país del norte era 9 veces mayor; el avance de la RPC ha sido impresionante.  Es más, el FMI calcula que para 2024 el PBI chino ya sería un 50% mayor al norteamericano. 

Aunque la producción total de bienes y servicios y las exportaciones superen a las de Estados Unidos, este último continúa manteniendo su liderazgo militar, científico y tecnológico, inclusive en el campo de la lucha tarifaria del momento.  Además, calidad de vida e ingreso por habitante de Estados Unidos superan los de China. 

Asimismo, Estados Unidos aún mantiene el liderazgo en términos de innovación y calidad educativa. Pero aparte de los temas económicos entre ambos países –que son vastos e importantes– va surgiendo una rivalidad planetaria que ingresa en el campo geopolítico. 

 Mientras China crece, pese a las posturas belicosas de Putin, la situación  de Moscú se debilita. Rusia es el país más extenso del mundo pero apenas tiene 140 millones de habitantes y pierde población progresivamente. Por otro lado, las cuestiones con Washington por el presunto espionaje de Moscú en las elecciones de 2016 y otros problemas en Ucrania, Cáucaso y Mar Báltico, sumando el constante avance hacia el este de la OTAN, han creado situaciones que Rusia apenas puede resistir.  

De ahí  surgió el acercamiento con la RPC en procura de reequilibrar fuerzas ante la potencia norteamericana. El oso pudo haber estado al lado del águila y cumplir así la profecía de Alexis de Tocqueville acerca del dominio del mundo por América y Rusia. Mezquindades de grupos antirrusos en Estados Unidos y  maniobras del complejo industrial-militar lo impidieron. Al verse en situación de rechazo Moscú miró hacia Beijing y ponderó la posibilidad de una alianza con el dragón capaz de enfrentar en términos económicos, geopolíticos e inclusive militares la preponderancia estadounidense. El pacto ruso-chino podría crear una nueva bipolaridad, bajo condiciones y realidades aún no definidas. 

 Los escenarios mundiales cambian mientras el espacio sigue ahí, esperando la oportunidad del que sepa aprovechar su momento. Y ahora el actor con más chance es la RPC si es reforzada por Rusia. La potencial alianza le lleva ventaja a Estados Unidos; tiene en conjunto más historia, más recursos, visión de largo alcance y mucha paciencia para aguantar hasta el momento oportuno. Al fin y al cabo, China y Rusia –como ya lo expresé anteriormente–  son los herederos de Gengis Khan. 

Agustín Saavedra Weise es economista y politólogo. www.agustinsaavedraweise.com

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