Agustín Saavedra Weise

La Aduana, siempre la Aduana

lunes, 06 de enero de 2020 · 00:11

Desde hace décadas la Aduana en Bolivia viene arrastrando un significado sombrío: se ve alrededor de ella un panorama casi total de sobornos, coimas o contrabando encubierto. Y es una pena, porque la imagen de la Aduana debería ser otra. En cualquier parte del mundo hay aduanas, o algún tipo de oficina aduanera que coordina tareas de control -no sólo en frontera- en lo que hace al egreso e ingreso de bienes para consumo final e insumos para sectores productivos.

Las enciclopedias definen a las aduanas como la autoridad que tiene  en cada Estado la responsabilidad de recaudar aranceles y controlar el flujo de bienes dentro y fuera del país.  Tradicionalmente, la aduana ha sido considerada como el sujeto fiscal cobrador de gabelas y otros impuestos a la importación o exportación. En las últimas décadas, las funciones aduaneras se han ampliado; ahora cubren cuestiones básicas tales como fiscalidad, seguridad y facilitación del comercio; esto último poco se cumple  en Bolivia y eso perjudica el ritmo de la actividad económica nacional.

Toda oficina aduanera tiene agencias situadas en puntos estratégicos, por lo general, costas, fronteras o terminales internacionales tipo aeropuertos, puertos costeros y estaciones férreas. La aduana está encargada de controlar las operaciones de comercio exterior, con el objetivo de registrar el tráfico de mercancías y cobrar los impuestos establecidos por ley.  Existe un ente internacional que agrupa a las aduanas: la Organización Mundial de Aduanas, conocida en castellano por el acrónimo OMA. Su principal objetivo estratégico es el proporcionar liderazgo, orientación y apoyo a los miembros del ente. Para este propósito, la OMA se centra en iniciativas que promuevan facilitación, recaudación de ingresos y protección de la sociedad. La OMA también brinda asistencia técnica, proporcionando orientación para la cooperación. La OMA  ejecuta sus actividades con el objetivo de garantizar que las administraciones de aduanas se beneficien de la actualización de  normas internacionales que promuevan la adopción de esas regulaciones en aras de un comercio previsible, seguro,  legítimo y con  una recaudación justa de ingresos. Fundamentalmente ejerce sus actividades en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMA) y  sobre la base del Acuerdo de Facilitación Comercial.

Son tres las funciones básicas de una oficina aduanera: a) proteger a la sociedad del ingreso de bienes dañinos; b) recaudación de ingresos; c) apoyo al  comercio exterior.  Y esto último es lo que se ha ido perdiendo en Bolivia durante años. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que la aduana ha servido tan sólo como mecanismo de recaudación de la administración de turno, en lugar de dedicarse a fomentar el comercio exterior y facilitar el ingreso de insumos para la industria local.

La Aduana Boliviana debe convertirse en un instrumento dinámico, apto para contribuir con el desarrollo del país y a su mismo ritmo de crecimiento,  no ralentizando la economía. El gobierno de Jeanine Añez tiene la posibilidad concreta de dejar como positiva herencia para la  futura administración  una aduana  nacional plena, honesta,  en proceso de ordenamiento y con dinámica propia, no una simple entidad recolectora de ingresos o, peor, una potencial fuente de corruptelas.

Agustín Saavedra Weise es economista y politólogo.
www.agustinsaavedraweise.com

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