Agustín Saavedra Weise

Poder y sobrevivencia en la jungla urbana

lunes, 12 de octubre de 2020 · 00:11

Michael Korda publicó el siglo pasado un libro de exitosa repercusión:  El poder, cómo conseguirlo y cómo usarlo  (Random House, NY). En la parte final de su obra  nos brinda reglas para la sobrevivencia -si no exitosa, por lo menos sin mayores problemas- en la jungla urbana, nuestra morada habitual. Aquí van, vale el glosarlas y recordarlas en este pandémico 2020.

Primer regla: “actúa prolijamente. Realiza cada acción como si fuera lo único en el mundo que importa”. No se trata de ganar sino de hacer que nuestros actos cotidianos valgan. No importa cuán pequeña sea la tarea, para nosotros tiene que ser importante. Si vamos a intervenir en una reunión, debemos hacerlo en el momento oportuno, prepararnos para lo que queremos decir y hablar en el momento crucial en el que nuestra intervención será escuchada con atención. De lo contrario, más vale permanecer callado.  Siempre será mejor no hacer ni decir nada que hacer  o decir algo que no corresponde. 

La segunda regla: “no reveles todo tu ser, guarda algo en reserva para que la gente nunca esté segura de si realmente te conoce”. Implica más una cuestión estratégica de permanecer un poco misterioso ante los demás, como si uno siempre fuera capaz de hacer algo sorprendente e inesperado.

Tercera regla: “aprende a usar el tiempo, piensa en él como un amigo, no como un enemigo. No lo desperdicies buscando lo que no quieres ni necesitas”. Pocas veces usamos bien el tiempo, más bien pasamos a ser sirvientes del mítico Kronos por nuestra falta de orden. Lo que distingue a las  personas poderosas es que dedican exactamente todo el tiempo que necesitan (o quieren) a lo que están haciendo; no tratan de contestar dos teléfonos a la vez, ni de comenzar una reunión y luego terminarla antes de que se haya llegado a una conclusión porque “se ha agotado el tiempo”, ni de interrumpir una conversación para comenzar otra. Están dispuestos a llegar tarde, perder llamadas telefónicas y posponer el trabajo de hoy para mañana, si es necesario. Los eventos no los controlan, ellos controlan a los eventos. Hay que aprender de esa gente y no dejarse esclavizar por el tiempo.

Cuarta regla: “aprende a aceptar tus errores, no seas perfeccionista en todo”. Muchas personas se ven impotentes por su necesidad de ser perfectos, como si cometer un error pudiera destruirlas. En cambio, los poderosos de verdad  aceptan la necesidad de correr riesgos y de equivocarse; tampoco pierden el tiempo justificando sus errores ni tratando de transformar lo equivocado en decisiones correctas. Nada hace que uno parezca más tonto o impotente que la incapacidad de admitir un error. 

Quinta y última regla: “no hagas olas, muévete suavemente, sin molestar a nadie”. Eso también tiene sentido en nuestro mundo citadino. La mitad del arte del poder radica en hacer que las cosas sucedan de la manera que queremos, así como un buen cazador permanece quieto en un lugar y atrae a la presa hacia él, en lugar de agotarse persiguiéndola. Las habilidades de un cazador no están fuera de lugar en la jungla urbana, simplemente deben aplicarse de manera diferente. 

Algunos afirman que  al vivir en una sociedad de masas, lo “normal” sería el pensar  que la seguridad está en seguir al rebaño y ser parte de él. Pero más bien vale lo contrario: el ser humano  -viva en una metrópoli  o  en una aldea-  si se lo propone de verdad y vuelve a sus orígenes, no es  animal de pastoreo ni bestia de rebaño; su seguridad  genética e intrínseca radica en su racionalidad, en su habilidad para cazar, en su habilidad para vivir y  hasta para sobrevivir  en solitario, aunque se encuentre en medio de una multitud. Al final, será cuestión de  férrea voluntad y de dominio sobre sí mismo, el ser capaz de estar  siempre por encima  y más allá del rebaño.

 

Agustín Saavedra Weise es economista y politólogo.
www.agustinsaavedraweise.com 
 

 

 


   

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