Agustín Saavedra Weise

Tensiones ambientales y geopolíticas en el Mar Ártico

lunes, 17 de agosto de 2020 · 00:11

Al contrario que su contraparte austral donde existe un continente helado (Antártida) el  Mar Ártico es solo agua y hielo. Y el hielo -que antes cubría prácticamente todo- ha  disminuido  en forma notable debido al calentamiento global. Se ha pronosticado el casi total deshielo ártico para fines del  presente siglo XXI, algo realmente catastrófico. El área de influencia del  Círculo Polar Ártico incluye a Dinamarca (poseedora de Groenlandia), Estados Unidos (por Alaska), Canadá, Islandia, Suecia, Noruega, Finlandia y Rusia.  Años atrás, Vladimir Putin ordenó desplegar una bandera rusa de titanio en el fondo del Polo Norte, creando conmoción en la comunidad internacional por dicha acción, ejercida por un submarino nuclear.

A falta de un tratado formal como el que sí existe para la Antártida se creó el Consejo Ártico, un foro intergubernamental para fomentar la cooperación, coordinación e interacción entre los estados parte y con la participación de las comunidades indígenas de la región. Ha funcionado bien pero no tiene el poder efectivo de su par antártico; es más un foro de consultas y búsqueda de consensos. 

 Se calcula que debajo del Mar Ártico existen gigantescas reservas de minerales, gas y petróleo. Ahora que el deshielo permite la explotación de algunos de esos recursos y se han abierto varias zonas  aptas para nuevas exploraciones, se están creando susceptibilidades de todo tipo. La firma de un Tratado Ártico formal de paz y de cooperación se impone, ya que solamente así se podrá regular la protección del medio ambiente, lograr armonía en la explotación de materias primas e intentar conciliar las diversas pretensiones territoriales sobre el lecho marino. Por otro lado, la Convención del Mar de 1982 deberá ser revisada para lograr acuerdos por el tema de las 200 millas de zona económica exclusiva.

  Los expertos vaticinan una crisis mayor -y de proporciones universales- si prosigue el deshielo polar ártico y se liberan materiales tóxicos hacia la atmósfera. Todos los países del área obviamente tienen y tendrán su opinión, pero la verdadera solución (o el conflicto) se dará entre el oso ruso y el águila estadounidense. El Ártico es el punto focal ahora de un posible conflicto ruso-americano.  A medida que la capa de hielo ártico se derrite están surgiendo nuevas rutas comerciales de navegación y nuevos desafíos geopolíticos. 

Rusia ha reconstruido su presencia militar en la zona y Estados Unidos procedió de la misma forma; ambos poseen  flotas de rompehielos equipados para la guerra antisubmarina. La OTAN ha expresado preocupación por el aumento de los movimientos navales rusos cerca de la estratégica brecha GIUK (Groenlandia, Islandia, Reino Unido) y hasta China también  pretende -por cuenta propia- intentar explotar recursos árticos. El panorama es álgido y cambiante. 

  Mientras el deshielo avanza han habido incendios forestales en el verano boreal, el magnífico oso blanco -símbolo ártico por definición- está al borde de  la extinción; otros problemas ecológicos, ambientales y humanos, cada vez se complican más por  el cúmulo de intereses económicos surgidos en esa conflictiva zona del mundo.  Sin ir muy lejos, cabe hacer notar que las instalaciones rusas de petróleo y gas en el Ártico representan el 45% de su capacidad productiva.  

 El Ártico sigue tensionado, ahora hasta con presencia militar. Ojalá se logren entendimientos que brinden tranquilidad a esa región; urge solucionar  pacíficamente asuntos pendientes, explotar en armonía sus recursos naturales e intentar detener el desastre ambiental.

 Agustín Saavedra Weise es economista y politólogo.

www.agustinsaaverdaweise.com

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