Agustín Saavedra Weise

Economía y economistas: entre el qué y el cómo

lunes, 1 de febrero de 2021 · 05:15

El veterano economista argentino Carlos Leyba, que  en 1973 formó parte del tercer gobierno del general Juan Perón (1895-1974), comentó recientemente que en la cofradía de los economistas de su país  es usual decir “hay que hacer tal cosa” pero rara vez  se repregunta el “cómo hacer”. En política económica la realidad son las consecuencias, pero de eso no se habla. Leyba expresa luego que la defensa corporativa de los economistas argentinos es más o menos así: “La decadencia económica del país es consecuencia de que  cuando economistas (los científicos) le decimos a políticos (los instrumentadores) qué hay que hacer (programa) ellos no lo hacen porque no quieren pagar los costos (política)”. 

¿Debe un economista proponer medidas sin exponer costos y consecuencias? La política económica se debe pensar para un tiempo prudencial, John Maynard Keynes dijo  que en el largo plazo estaremos todos muertos. Ergo,  remata socarronamente Leyba, el argumento de las consecuencias positivas de aquí a 100 años debe ser absolutamente descartado.

  Afirma, además, que en política económica toda solución de un problema implica la generación de otro. El éxito estriba en que el nuevo problema generado sea menor (y más fácil de resolver) que el problema resuelto. La política económica correcta sería entonces como construir  una escalera de soluciones para que  cada peldaño sea más fácil de superar que el anterior. Asimismo, no hay ninguna medida  seria de política económica que no considere la relación costo-beneficio, algo básico en todo razonamiento económico. Leyba explica que la defensa corporativa pone en escena a un economista del “tipo asesor” que informa, propone, aconseja o presenta proyectos y  no ejecuta  ninguna acción. Así comenzó a entender  lo que un joven economista recién graduado le dijo: “a nosotros nos enseñan  modelos, no política económica”. No en vano, uno de los chistes acerca de qué es un economista  reza así: “es un personaje qué  pasa la mitad de su vida profesional creando modelos económicos y la otra mitad explicando porque no funcionaron”…

Leyba fue uno de los redactores del plan económico Gelbard de 1974,  así  que él sabe lo que afirma en torno a los economistas de su medio: sugieren qué debe hacerse pero no explican el cómo hacerlo.  Ese es el dilema de la profesión en Argentina -y en el mundo-  que viene arrastrándose desde la inclinación hacia el estudio “científico” de la economía, olvidando su definición básica como ciencia encargada de satisfacer necesidades múltiples con medios escasos y sobre la base de decisiones de autoridad.

  Ya en esa definición  se ve su complejidad; no es fácil complacer a todos cuando los medios son limitados.  En mis épocas estudiantiles de los 60, en la Universidad de Buenos Aires (UBA) se quiso volver a la  “economía política”, al principio de las cosas, cuando la economía era  una ciencia social poco influenciada por las matemáticas y se debía en definitiva a la política, a la capacidad de mando en una sociedad. El entusiasmo con la economía política duró poco pese a ser el verdadero nombre de la ciencia, algo  que el célebre Julio H. G. Olivera (+) -mi profesor de Dinero, crédito y bancos  en  la UBA- siempre nos recalcaba.  Con el tiempo los estudios económicos fueron cada vez más complejos, más matematizados y sideralmente alejados de la vida real. De allí viene el error  de muchos economistas en sus  pronósticos y hasta en sus acciones; se dejaron llevar por el encanto formal de sofisticados modelos llenos de supuestos y se olvidaron de la realidad concreta. 

Los economistas en general debemos  retornar con realismo a la economía política, al inicio de la disciplina como parte de  las ciencias sociales y con  énfasis en la política, ya que de tomar decisiones  se trata. En mi modesta opinión hay que “rehumanizar” nuestra profesión. Sólo si se cambia el rumbo de lo teórico a lo concreto, sin refugiarse en la sofisticada fantasía de complejos modelos  econométricos, podremos hacer realidad un célebre brindis de Lord Keynes:  “Brindo por la economía y por los economistas, quienes son los depositarios, no de la civilización, pero sí de la posibilidad de que ésta ocurra”.

 

Agustín Saavedra Weise es economista y politólogo. www.agustinsaavedraweise.com
 

 

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