Agustín Saavedra Weise

Entre genocidios, desplazamientos y limpiezas étnicas

lunes, 12 de abril de 2021 · 05:11

La historia de la humanidad muestra cosas bellas e interesantes al mismo tiempo que el ser humano -la especie más cruel del planeta-  ha infligido sobre sus semejantes infinitas crueldades. En estos miles de años variaron modalidades y tecnologías, pero la maldad sigue siendo la misma, aún peor. Las perversidades más frecuentes han tenido que ver con desplazamientos, limpiezas étnicas y genocidios, ello sin  contar otras que  aún proliferan, con la guerra en  primer lugar.

Sin ir lejos, muy cerca nuestro, los incas oprimían a los aimaras y cada tanto además organizaban sus temibles “mitimaes”. Estos eran traslados forzosos de población hacia  lugares más inhóspitos del imperio o a sitios  lejanos donde se quería asentar la soberanía del Incario. No importaba que murieran mujeres, niños y ancianos. El movimiento debía realizarse a como dé lugar. Casos similares -con otros nombres tales como “desplazamientos”, “reubicación”, etcétera- se han repetido en Eurasia por muchos pueblos de cada época. Y en casos de guerra prolongada el triunfador eliminaba al pueblo vencido y destruía sus ciudades, como hizo Roma con Cartago.

Mucho después hizo lo mismo con Jerusalén, expulsando además a los judíos del lugar, expulsión que duró hasta la creación del Estado de Israel en 1949. En el interín el pueblo hebreo sufrió por siglos discriminaciones y matanzas; estas culminaron con el más horrendo crimen colectivo de la historia: el genocidio judío, episodio que marcó a la Segunda Guerra Mundial como una de las expresiones de máxime barbarie humana. Dicho holocausto trajo profundas reverberaciones. Y mientras, en simultáneo, comunistas y nazis hicieron varios traslados forzados a lo largo del Báltico y Europa central. Al terminar el conflicto -mayo de 1945- el proceso siguió pero de otra forma, ya en manos de los aliados. Fue así como entre fines de 1945 y 1947 se expulsaron más de 12 millones de alemanes de los territorios perdidos al este de la línea Oder-Neisse, que quedaron en manos polacas, rusas, checas y eslovacas. Fue un acto socio-geopolítico que apenas tuvo publicidad y no se le dio importancia. 

El mundo estaba al concluir 1945 preocupado por la recuperación y  además, la magnitud de los crímenes del  III Reich opacó cualquier secuela posterior. Pero la expulsión de los germanos fue otra crueldad colectiva, sin duda alguna. El traslado fue avalado por las potencias vencedoras entre otros asuntos que trataron, en particular la “etnificación” de Europa central por nacionalidades: nunca más habrían pueblos de diverso origen en un solo estado. En un marco de injusticias múltiples se inició el masivo reacomodo. En esa región no habría más pluralidad nacional ni margen  para futuros conflictos étnicos, pero el precio fue terrible. Los nazis comenzaron en 1933 con la matanza colectiva y expropiación de bienes de judíos alemanes, polacos y rusos; continuó el proceso  durante la guerra y luego desde 1945 vino el resto de  los desplazamientos que  tan sumariamente hemos narrado. Hubieron sufrimientos de toda laya.

Los dramas vienen de lejos y no terminan. Antes del conflicto europeo tuvo lugar en la década de 1930 la muerte por hambre de millones de ucranianos  que ordenó el dictador soviético Stalin. El mundo poco y nada hizo. Tras los episodios comentados, desde 1947 a la fecha advinieron muchos otros conflictos étnicos, entre ellos la terrible matanza de tutsis  por los hutus en Ruanda; fallecieron 800.00 personas. Tampoco el mundo hizo nada para parar esa atroz acción y reaccionó solo ante los hechos consumados. Hoy  en 2021 -según datos de la ONU- hay más de 80 millones de refugiados luego de las incursiones del ejército islámico en Siria y zonas aledañas. 

También hay millones de venezolanos huidos de la dictadura en su país. Los desplazados del Medio Oriente fluyen hacia Europa; muchos mueren en la travesía del  Mediterráneo. Los venezolanos fluyen  hacia Estados Unidos y Sudamérica. Bajo premisas presuntamente  “civilizadas y ordenadas”, la persecución ancestral entre  humanos continúa. Y la falta de memoria colectiva también. Lamentable en verdad.

 

Agustín Saavedra Weise es economista y politólogo – www.agustinsaavedrawseise.com

 

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