Ventana al mundo

¿Qué hacer con los refugiados?

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lunes, 18 de abril de 2016 · 00:00
Al concluir la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) pudo cuantificarse el catastrófico resultado humano del conflicto: más de 60 millones de muertes, el terrible Holocausto judío, ciudades devastadas,  agregando el incesante drama de refugiados  y prisioneros de guerra, que al ser desplazados de diversos lugares recorrían
Europa, algunos con el ánimo de volver a casa, otros  con el amargo sabor de haberlo perdido todo.

Esa situación fue altamente dramática, poco a poco se hicieron ajustes y las cosas fueron normalizándose. La migración era intraeuropea, eso ayudó mucho. En el caso actual, los refugiados escaparon de conflictos en otro continente, tienen otra religión (la mayoría musulmanes) y costumbres diferentes de las del viejo continente. La asimilación no ha sido ni será fácil, máxime porque con ellos también llegaron algunos terroristas -hábilmente camuflados- que han dañado la imagen del conjunto. Nunca más cierto el dicho "pagan justos por pecadores”.
En el inicio del tumulto  migratorio surgieron tristes imágenes que nadie pensó podrían repetirse en el siglo XXI, pero la realidad ha demostrado que el nacionalismo seguirá siendo un factor gravitante en Europa. Ningún pueblo quiere tener demasiados extranjeros en su propio territorio. Es la pura verdad, el resto es cuento.

Como los refugiados no son tontos, obviamente buscaron llegar al lugar más próspero: Alemania. Lo que en principio Berlín calificó como "solidaridad”,  hoy está generando entre los germanos una serie de antipatías lindantes con posiciones extremistas. No hay posibilidades de albergar a todos los refugiados ni de asimilarlos. Algo deberá hacerse.

Dado que Rusia pierde  habitantes (ya tiene sólo 140 millones), es de lejos la nación con mayor superficie geográfica del planeta y ha manifestado en varias ocasiones que desea aumentar su población. Habría que estudiar la posibilidad de negociar entre la Unión Europea (UE) y Moscú, con la asistencia del Alto Comisionado de la ONU para los refugiados (ACNUR), un paquete especial de ayuda con el fin de disponer de recursos tecnoeconómicos que permitan trasladar refugiados hacia zonas despobladas de  la Federación Rusa,  para que ocupen esos espacios ricos en materias primas y forjen allí una exitosa nueva vida.

Los refugiados tendrían que adaptarse a las condiciones socioculturales del país de acogida, sea Rusia u otro. Aquí cabe la expresión "donde fueres has lo que vieres”. Si al llegar a su nueva patria insisten en mantener sus costumbres será muy difícil la asimilación y aceptación. Esto expresado sin hipocresías es cierto, guste o no.

Podrían pensarse varios sistemas de incentivos para que estos  nuevos "colonos” se sientan cómodos y prosperen, pero está visto que muchos de los refugiados no quieren trabajar en forma estable ni pretenden asimilarse,  ni nada. Simplemente quieren vivir gratis a costa de la duramente ganada prosperidad  europea (especialmente la alemana) y eso es imposible.

Tal como están las cosas, o se crean condiciones para que los refugiados retornen a sus lugares de origen, una vez superados los problemas del momento, o esos mismos refugiados deberán de ponerse a trabajar y adaptarse a su nuevo mundo. No hay otra manera. El problema está planteado.

Agustín Saavedra Weise  es economista y politólogo.

Confidencial

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