Ventana al mundo

El poder de la capacidad de alimentar

lunes, 30 de octubre de 2017 · 12:00:00 a.m.
En Bolivia se parlotea sobre soberanía alimentaria sin ir al fondo de la cuestión: las permanentes trabas o restricciones que enfrenta la agropecuaria por la incomprensión  oficial acerca de asuntos que hace años están sobre el tapete. La  Función Económica y Social (FES) de la Ley INRA es una medida populista para evitar latifundios que ya cumplió su tiempo.
 
La trienal inspección depende muchas veces de criterios subjetivos o de la política. Varios  campos fueron expropiados y loteados en unidades,  desperdiciándose así su potencial productividad. De haber FES, ella debería estar a cargo de un organismo no político de intachable reputación. Tal vez la FAO lo podría hacer por convenio con el estado boliviano.
 
 Otro factor limitante: la prohibición de transgénicos. Jorge Arias, presidente de Cainco, afirmó que podría reactivarse un 7% de crecimiento del PIB con el impulso a la agricultura y ésta crecería hasta el 10% usando biotecnología. La actual administración afirmó que lo de la biotecnología está abierto al debate, pero aún persiste la restricción.
 
El estudio  de LANDICORP "Avancemos haciendo crecer la agroindustria boliviana” (www.landicorp.com.bo) grupo que preside el empresario Hugo Landivar, explica que de los 7.228 millones de dólares exportados por Bolivia en 2016, solo 443 millones (6% del total) corresponden a productos agrícolas y 840 millones a los  agroindustriales (11% del total). 
 
El sector representa 17% de las exportaciones del país. Y mientras, las importaciones mundiales de alimentos crecen al 5% anual y la producción global  supera 2.509 millones de toneladas. Al respecto, Bolivia apenas genera 15 millones de toneladas, menos del 1% del total mundial. Podría producirse mucho más con estímulos adecuados y economías de escala. El apoyo gubernamental por medio de incentivos al agro, tributación, uso de suelos, cupos de exportación, INRA y biotecnología, permitirá expandir el área agrícola en un millón de hectáreas en tres años y con notables cambios, tanto cualitativos  como cuantitativos.
 
Todo pueblo que se alimenta bien y dispone de excedentes para venderle al resto del planeta posee un valioso pedazo de poder internacional. Los que viven de alimento comprado o donado siempre serán limitados. De ahí la importancia -para quienes ostentan ventajas comparativas en el rubro- de apoyar al sector rural productivo. El no hacerlo implica dispararse un balazo en el ombligo y arriesgar la propia viabilidad futura. En Bolivia se tiene, como escollo principal, al fantasma burocrático mencionado en algunas de las restricciones nombradas. 
 
Vale la pena recordar los conceptos de la multinacional Sangosse  y de Rizobacter acerca del triángulo mundial de la alimentación, un espacio  fértil capaz de producir alimentos para la humanidad. En una nota del   suscrito (31 de julio 2016) informé  acerca de ese triángulo (http://altosvaloresagregados.blogspot.com). 
 
Ricardo Yapur, presidente de Rizobacter, expresó: "El futuro de la agricultura del mundo pasa por América del Sur; hay un triángulo imaginario entre San Pablo, Santa Cruz de la Sierra y Bahía Blanca; desde allí saldrá la comida del mundo, porque hay espacio de sobra y  con una población lo suficientemente educada para entender las nuevas tecnologías”. 
 
Lo importante ahora es hacer realidad la expansión productiva y mejorar facilidades de transporte hacia puertos de ultramar. En nuestro país muchos ignoran o desdeñan los temas del campo, más he aquí que en altos niveles internacionales Santa Cruz  de la Sierra forma uno de los vértices del triángulo de la alimentación planetaria. Reitero: una nación alimentariamente soberana y con excedentes tendrá un "plus” de poder en la geopolítica global. 
 
Bolivia puede lograr tal cosa con creces  si crea condiciones aptas para explotaciones agrarias extensivas de alta gama. Nuestro país -vía el agro cruceño- será parte integral activa del singular triángulo reseñado y le daremos comida al  mundo entero.
 
Agustín Saavedra Weise  es economista y politólogo. www.agustinsaavedraweise.com
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