Economía de papel

¿Quién necesita un paraíso fiscal?

sábado, 09 de abril de 2016 · 00:00
Había una vez, piratas en el mar Caribe que asaltaban inofensivas carabelas españolas y escondían sus pillajes en islas paradisiacas, como las Bahamas, Bermudas, Caimán, Vírgenes y otras tantas tierras de esas cristalinas y casi siempre mansas aguas. Eran tesoros fruto del trabajo de poblaciones sometidas en suelos lejanos a lo largo y ancho del continente americano. Los piratas buscaron en esas islas lugares recónditos para ocultar temporalmente sus botines con la esperanza de volver y llevárselas a otros territorios. Algunos, al volver a su madre patria, como el pirata Morgan, llegaron a obtener títulos nobiliarios de la reina de Gran Bretaña.

Hoy en día esas islas siguen siendo paraísos utilizados para guardar tesoros de origen dudoso y buscar el invaluable anonimato garantizado por empresas vinculadas a bancos de inversión y firmas de abogados.
 
Guiados por los profesionales de estas organizaciones, dictadores en ejercicio o retirados, mafiosos de toda línea de negocios (tráfico de estupefacientes, tráfico de armas y tráfico de seres humanos) y otros personajes que quieren evadir impuestos de incógnito, abren millonarias cuentas a nombre de testaferros, esposas o de ellos mismos. 
 
También optan por abrir empresas de papel con directorios de personas de modesto patrimonio y sin remota afiliación a las altas finanzas internacionales, quienes reciben una modesta compensación por prestar su nombre para la constitución de la falsa empresa y estampar su firma. Son sociedades formadas para ocultar la transferencia de grandes sumas de dinero que nunca producirán nada.
 
Por eso, cuando Cameron, el primer ministro de Inglaterra, o Macri, el actual presidente de Argentina, fueron consultados por qué aparecían vinculados a estas empresas fantasmas, una de sus excusas fue que eran viejas operaciones que hace tiempo no funcionaban y, además, que fueron sus padres quienes las fundaron. 
 
En el caso de Macri, su padre cometió el pifie de hacerlo figurar como miembro inocente de un directorio que, naturalmente, nunca hizo más que firmar la constitución de la empresa. Situación similar es la que parece afectar al connotado evasor de impuestos y reconocido futbolista del Barcelona, Leo Messi.
 
El primer ministro de Islandia, Gunnlaugsson, ha tenido más sangre en la cara y renunció al descubrirse que su esposa tenía fondos ocultos en un banco  offshore.
 
Un grupo de periodistas de 76 nacionalidades han destapado registros de finanzas secretas que se consideraban impenetrables bajo la administración de la empresa Mossack Fonseca, de Panamá. Nada menos que 11 millones y medio de documentos se filtraron de una base de datos que guarda registros de un periodo de 40 años y han dado paso a los ahora denominados "Panamá papers”.
 
En ellos aparecen nombres de presidentes, expresidentes, monarcas y sus parientes, estrellas de cine, autores famosos. También aparecen nombres de palos blancos, que saltan a la vista como tales porque claramente ocupan el lugar de un poderoso, como Vladimir Putin, que puso de testaferro a un destacado músico compadre suyo, o Xi Jing Ping, que tiene a su cuñado con cuantiosas sumas a su nombre.
 
De acuerdo a las estimaciones de Zucman, citado por Piketty, estos fondos guardan el 10% del valor de la producción mundial (o del PIB mundial). Pertenecen en un 75% a personas de los países más ricos que buscan no pagar impuestos en sus países. Alegar que ésta es una aceptable o justificable causa para usar cuentas anónimas en paraísos fiscales me parece infantil. Se trata de evasión de impuestos a los respectivos gobiernos que enriquecen más a los ya ricos en países en los que la desigualdad beneficia cada vez más a un reducido grupo de privilegiados.
 
Por cierto, las actividades de los paraísos fiscales no se consideran ilegales en los territorios en que operan y no sólo se utilizan a favor del lado oscuro de las finanzas. También pueden servir para establecer acuerdos entre países o empresas que prefieren estar bajo la jurisdicción de un terreno neutral. Algo parecido a lo que ocurrió en Bolivia cuando se formó el fondo de capitalización colectiva antes de que las acciones de las empresas capitalizadas fueran entregadas a las AFP, allá por los 90, y así se evitó pagar impuestos por la transferencia.
 
Hoy los paraísos fiscales no están únicamente en el Caribe, también existen en Europa. Luxemburgo, Suiza, Liechtenstein, San Marino, Monte Carlo y Andorra son centros famosos y tradicionales para la ocultación de fabulosos botines anónimos, cuya identificación, por lo general, es tan sólo un número y una llave de una caja de seguridad.
 
Es cierto, los piratas y sus islas de los tesoros quedaron en las fábulas. Hoy han cambiado de profesión, no necesitan asaltar barcos. En América Latina, Asia o en África deben dirigir un cártel o tan sólo apoderarse de un gobierno, bañarse de despotismo y acumular riquezas gracias a las penurias de la pobreza de sus pueblos.

Alberto Bonadona Cossío es economista.

Confidencial

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