Economía de papel

Maduro y su cleptomoneda

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sábado, 16 de diciembre de 2017 · 00:05

Venezuela se encuentra, en los hechos, en medio de una  cesación de pagos que evidencia la insolvencia a la que un Estado llega cuando no tiene los recursos para honrar sus deudas, particularmente, aquellas contraídas con acreedores externos. Tiene, además, a una sociedad que no puede satisfacer necesidades elementales y, como si fuera poco, se la ha encuadrado en un marco político de democracia aparente.


 ¡Pobres venezolanos!  Ante un escenario tan dramático surgen ideas sacadas de la imaginación más afiebrada. Tienen que ser, con certeza, inspiradas por algún grupo de economistas que ignoran la naturaleza del dinero.  Confunden así causa con efecto y efecto con causa.


El dinero encuentra su verdadero respaldo en la producción de un país. Si ésta se encuentra sólida, su moneda gozará de la confianza de la población. O sea, es la producción la que genera confianza y no la confianza que genera el dinero.


 Algo que parece tan de sentido común ha sido y es objeto de malabarismos y engatuzamientos al revertir el orden de esta simple lógica. Los han hecho realidad grandes especuladores a lo largo de la historia, que han logrado la intelectualización de sus sofismas gracias a economistas, algunos aparentemente ingenuos, con la habilidad de contribuir al engaño de millones de personas. Así, no son únicamente los abogados que convencen y se convencen de aberrantes contradicciones. 


 A este panorama de estupidez reforzada de “intelectualidad” vienen como aves de rapiña los especuladores. Ellos conocen cómo hacer dinero de la ignorancia o de la ingenuidad colectivamente compartida. A lo largo de la historia existen ejemplos de cómo se hace creer a la gente que algo que no tiene valor sí lo tiene. Los casos más conocidos son los de la especulación de tulipanes en el siglo XVII y el de la venta de acciones de la compañía monopólica del comercio británico en el XVIII.


 Pero no son los únicos ejemplos. La actividad en las grandes bolsas del mundo ofrecen decenas de ellos. Entre los más recientes se encuentran la gran especulación de las punto com y la de los suprime en las dos últimas décadas. Miles de personas fueron embaucadas por la fiebre colectiva que desataron las nuevas tecnologías en los años 90 y los créditos hipotecarios en los primeros años de este siglo. 


 Esta década también posee su propia ilusión financiera. Es la de los bitcoins. Una moneda que nace del ingenio perverso que convence que es posible comprar con dinero virtual, inexistente; tan sólo creado en los algoritmos de programas informáticos. Como todo engaño se exhibe como algo de real existencia y, en medio de la creencia que es posible hacerse rico en un abrir y cerrar de ojos, multitudes de especuladores, unos con conocimiento de lo que pasa otros con un afiebrado deseo de lograr los millones en los que siempre han soñado, se lanzan en una carrera desenfrenada. Este “valor” virtual es la fiebre del momento y todo muestra que la burbuja que creó pronto explotará.


 Tal vez lo suficientemente tarde como para que el anuncio del presidente Maduro llegue a burlar a los venezolanos que, hoy por hoy, se han lanzado a comprar bitcoins por el internet porque no ven otra forma de, supuestamente,  proteger su poder adquisitivo. Sobre este escenario, Maduro lanza la brillante idea de una criptomoneda venezolana. O sea, un dinero tan falso como los bitcoins. No hay producción que la respalde, la economía venezolana está en un colapso total.


 Y, por supuesto, si la burbuja de los bitcoin no revienta antes, Maduro engatuzará a los ingenuos venezolanos que creerán que se protegerán con el “petro”, nombre que tendrá el nuevo engaño venezolano.


 La economía quebrada, la ambición desmesurada de poder y de perpetuarse en él, colocan a un pueblo en situaciones trágicas que les impide ver o reflexionar de lo que verdaderamente ocurre.


 Queda esperar que Bolivia no llegue a condiciones similares que hagan surgir economistas y gobernantes iluminados. Aquellos que quieran redimir la economía con este tipo de engaños que utiliza la histeria colectiva para enceguecer a poblaciones angustiadas frente a un futuro incierto, represivo, persecutorio y profundamente mentiroso.

Alberto Bonadona Cossío es economista. 

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