Economía de papel

Dudas desacertadas acerca del 4,61%

sábado, 20 de octubre de 2018 · 00:10

Se ha afirmado en más de una oportunidad que hay engaño en la cifra de la tasa de crecimiento del PIB. En economía, como en cualquier otra ciencia, se puede mentir con números. Se puede mentir porque se sabe cómo hacer una operación aritmética o porque simplemente no se sabe cómo hacerla. Se puede errar desde una entronizada posición de poder como desde el llano. Se le miente tanto al pueblo boliviano que se duda de lo que los gobernantes dicen.

Corro el riesgo de sonar oficialista al decir que el segundo aguinaldo corresponde pagarse este año, de acuerdo a lo decretado por el gobierno. Lo cierto es que antes que se hable de la cifra oficial, en más de un medio afirméque basta ver la evolución de los precios del petróleo en su cotización WTI (a la que está atado el precio internacional del gas que se compra a Bolivia), entre enero y junio de este año, para concluir que el PIB crecería por encima del 4,5%.

Después de caer a cifras por debajo de 30 dólares en años anteriores, el WTI experimentó una recuperación, nada espectacular, en enero de 2016 cuando llegó a 31,68 dólares; ese año, por supuesto, no hubo segundo aguinaldo. En julio de 2017 llegó a 46, 63 dólares, nuevamente ese año tampoco lo hubo.

Pero, en enero de 2018 el WTI alcanzó 63,7 dólares el barril y con cierta volatilidad no bajó por debajo de los 62 dólares durante los siguientes cuatro meses. En mayo de este año llegó a 70 y en junio a 68. Este es un fundamental indicador para declarar que el crecimiento del PIB superaría el 4,5% alconcluir el año entre junio de 2017 y junio de 2018. Estos meses de 2018 son los que interesan para inferir el crecimiento del PIB en un país que su vida económica, y algo más, depende de ese precio. Ni qué decir de los precios de los siguientes meses, que en algunas jornadas sobrepasaron los 75 dólares.

Mi entrañable amigo Enrique Velazco duda profundamente de las cifras y calcula que hay una diferencia de cerca 0,43% en contra de la cifra oficial. Enrique afirma que tal diferencia pondría al crecimiento del PIB en 4,18 y no en 4,61. Indica que la evolución promedio del crecimiento de la producción agropecuaria no industrial (PIBANI) entre 2012 y 2016 es del 4% y que no armoniza con el crecimiento de 7,5% reportado por el INE para el segundo trimestre de 2018.

Esta afirmación prescinde, primero, de la caída del PIBANI que las cifras oficiales muestran para 2016, en el que esta tasa de crecimiento fue negativa (-1,9%) por una caída de más de 40 millones de bolivianos en 2016 y, segundo, un incremento de más de 179 millones en 2017. La caída, inicial, y una recuperación de casi cuatro veces y media inmediatamente el año después explica la tasa de crecimiento anual del PIBANI de 2017, que llegó a 7,6%. En otras palabras (o con otras cifras): en 2015 el PIBANI fue de 2.112 millones de bolivianos; cayó a 2.072 millones en 2016 y se recuperó hasta los 2.251 millones el año pasado.

Este comportamiento volátil es propio de la agricultura y, como se puede obviamente observar, la recuperación de la tasa de crecimiento después de una considerable caída se mostrará como una exagerada recuperación. No quiere decir, entonces, que hubo una revolución agrícola en 2017 o un gran engaño, sino, simplemente, que el denominador (cifra de 2016) que se utiliza para calcular la tasa de crecimiento cayó.

En conclusión, no ha sido necesario manipular las cifras del PIBANI para hacer crecer artificiosamente la tasa de crecimiento del PIB por encima del 4,5% y así decretar el segundo aguinaldo. Otro asunto es que esta cifra promedio de toda la economía refleje acertadamente el crecimiento de todos y cada uno de los sectores económicos o un aumento homogéneo de la producción de cada una de las regiones.

La realidad sectorial y regional es dispareja por naturaleza. Incluso si todas crecieran, que no es el caso, lo harían de una variopinta manera.Lo equivocado está en utilizar una cifra promedio para establecer una desacertadamente denominada “política de redistribución del ingreso”. Menos apropiado aún es utilizar a las operaciones de las entidades privadas y públicas (empresas, ONG, universidades, hospitales, gobiernos locales y otras muchas más) como el instrumento de esa redistribución.

Ciertamente, existen mecanismos impositivos comprobados para lograr mayor eficiencia y transparencia en la generación de equidad económica sin poner en riesgo el funcionamiento de las unidades productivas y otras que son de servicio y asistencia social.

Alberto Bonadona Cossíoes economista.
www/abceconomia.com

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