Economía de papel

La estabilidad económica, ¿un patrimonio nacional?

sábado, 17 de noviembre de 2018 · 00:10

Mi buen colega Gonzalo Chávez, en su última columna dominical, califica a la estabilidad económica que Bolivia vive como “un patrimonio nacional”. Un patrimonio es algo material (conjunto de bienes, obras arquitectónicas, arte, propiedades heredadas, la riqueza natural) o algo inmaterial o intangible (la cultura, los paisajes naturales, expresiones folklóricas, derechos). ¿Puede ser también un patrimonio nacional la estabilidad económica?

  La Unesco dice que un patrimonio “en su más amplio sentido es a la vez un producto y un proceso que suministra a las sociedades un caudal de recursos que  se heredan del pasado, se crean en el presente y se transmiten a las generaciones futuras para su beneficio”. Dentro de esta variedad de elementos que se incorporan al concepto de patrimonio, y más aún si se lo califica de nacional, la estabilidad económica tal vez caiga en la categoría de un patrimonio intangible, aunque no creo que ningún organismo internacional otorgue a la estabilidad económica boliviana una certificación, reconocimiento  ad perpetuum  (confiable y permanente) o alguna forma de acreditación meritoria por este logro.

  La Unesco señala que un patrimonio por su naturaleza es frágil. Tal vez por eso, exactamente, en Bolivia se la ha hecho trizas en muchísimas oportunidades. A decir verdad, tales situaciones no son exclusivas de este país. Son tan diversos los factores que determinan el funcionamiento de una economía, sea estadounidense, griega, rusa, china, argentina o de cualquier otro país que es difícil afirmar que sea un proceso confiable y permanente.

  En países como Bolivia, la estabilidad y la inestabilidad son profundamente afectadas por los azares de los mercados internacionales, las improvisaciones de las medidas económicas internas o la ambición de los gobernantes de turno. Más aún, en una economía mundial globalizada hasta el tuétano, los países industrializados, por ejemplo, se han visto inmersos en repetidas ocasiones en  graves crisis con repercusiones mundiales. 

 En ellas la estabilidad económica no sólo se ha visto amenazada, sino que en más de una oportunidad ha generado conflictos de diversa índole, como han sido las guerras mundiales y otros pequeños o medianos conflictos (un ejemplo nacional de esto es la Guerra del Chaco, en la que los problemas nacionales alcanzaron dimensiones internacionales). Por cierto y tan sólo para recalcar, en las situaciones bélicas la estabilidad económica es irremediablemente acribillada.

  Chávez también apunta que la estabilidad económica del país “fue lograda a partir de 1985” y es resultado de “la continuidad de ciertas políticas macroeconómicas neoliberales”. Añade que éstas son “la base del crecimiento actual”. Dudo que esas políticas “neoliberales” sean la base del actual crecimiento. Por el contrario, creo que son las caóticas fuerzas del mercado internacional que obsequiaron cantidades alucinantes de reservas a la economía boliviana, tan pobre y tan atrasada. Ellas sí repercutieron en el crecimiento de la economía de los 13 pasados años.

  No sé si el gobierno actual es neoliberal –para mí es capitalista– como lo fue el gobierno de Paz Estenssoro, dentro de un baile aparentemente interminable de paradigmas más o menos intervencionistas. 

 Paz, en 1985, dictó el DS 21060. Un decreto que hizo más libre de lo que es ahora al juego de la oferta y la demanda. Pero, al contrario del actual gobierno, disolvió algunas empresas públicas y abrió el futuro camino para que el Estado salga de la esfera de la producción con mayor privatización, y una forma de ésta,  la capitalización. 

 Así, el MAS tuvo la oportunidad de “nacionalizar” con un fandanguillo  que en un tiempo pasado fue “patrimonio” emenerrista. También impuso un tipo de cambio flexible que ahora, en los hechos, ya no prevalece, pero al cual se llegará cuando las reservas internacionales se acerquen al fondo del barril.

  Para concluir, aunque en el artículo de Gonzalo hay mucho más para desmenuzar, él insinúa que los informales son parte del soporte político de este gobierno al relacionarlos con  la apreciación del tipo de cambio real, que ha favorecido a “la nueva burguesía comercial”.  Lo sean o no, los informales han sido y son parte del equilibrio socialmente asimétrico que requiere el modelo de economía que prevalece en Bolivia desde mucho antes que exista el Estado Plurinacional.

 

Alberto Bonadona Cossío es economista.

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