Economía de papel

En auge boliviano los departamentos crecieron desigualmente

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sábado, 07 de abril de 2018 · 00:06

El gran auge económico de Bolivia iniciado en 2004 se refleja de manera clara y definitiva en el gran crecimiento de las reservas internacionales que superaron los 15.000 millones de dólares en 2014.  Para darse cuenta de las reales dimensiones que esta cantidad de reservas significa es necesario observar los niveles a los que alcanzaron estas reservas en décadas anteriores. 


En una época crítica para la economía boliviana, en la que se solicitaba dinero prestado para pagar desde los intereses de la deuda externa, pasando por el financiamiento de las importaciones y hasta los sueldos de los empleados públicos, se observa, por ejemplo en 1980, una cifra negativa de -102 millones de dólares en las reservas.


  Esta carencia de reservas continuó por varios años. Si bien el año 1986 se llegan a acumular 247 millones, no es hasta 1992 en que muestran señales de una relativa recuperación y recién en 1999 se alcanza a un punto alto de 1.114 millones para luego descender nuevamente. Recién en 2004, a partir de una recuperación que llegó a los 1.123 millones que las reservas internacionales reciben el gran impulso de tener reservas de gas natural disponible con un gasoducto construido, aparte de los tradicionales minerales, para exportar a precios favorables en el mercado internacional.


  El ascenso de las reservas desde 2004, para una economía tan pequeña y pobre como la boliviana, es sorprendentemente espectacular. Un año después se incrementaron en 600 millones y dos años más tarde se aproximaron a los 3.200 millones. Estos niveles de ascenso continuaron por 11 años.

Entre 2007 y 2011 la cifra más que se duplicó y Bolivia ya contaba con 12.000 millones. Nunca se vio algo así en las reservas nacionales en comparación con auges de precios de materias primas a lo largo de la historia y que también trajeron bonanza a la economía.


  Sin embargo, los índices de crecimiento del PIB de los nueve departamentos del país muestran que este auge no repercutió de la misma manera en todos ellos y que comenzó antes de 2004. Es conocido que al ser Tarija el departamento con mayores reservas de gas fue el que recibió la tajada de león de los recursos que ingresaron al país.


 No obstante, se deben destacar los niveles que alcanzó la tasa de crecimiento del PIB tarijeño. En 1997 su PIB ascendió un 17% respecto al año anterior. Después de una caída con un decrecimiento de su PIB en -1,57%, que evidencia que no existe economía blindada en ninguna parte del mundo, la recuperación en los siguientes años es nuevamente espectacular. En 2002 su PIB creció cerca de 16%, en 2004 casi llega al 19% y en 2005 supera en una cuarta parte el nivel alcanzado un año antes.


  Otro departamento que muestra un récord en el crecimiento del PIB es Potosí. El año 2008 la tasa de crecimiento alcanzada es de algo más que el 24%. Antes y después de ese año su crecimiento, al igual que los otros departamentos, es volátil, o sea, con variaciones continuas entre un año y otro.

Pando muestra también un año excepcional anterior al auge y es en 1990 con una tasa cercana al 13%.


  Es natural que exista diferencia entre regiones cuando de crecimiento de la producción se refiere y, por cierto, no todas se benefician de la misma manera de los auges de precios de las materias primas.

Peor aun, las regiones más favorecidas no aprovechan productivamente todo el potencial generado. 


La falta de proyectos productivos que absorban semejante flujo de recursos se evidencia más en el orden departamental, aunque similar situación se refleja en el conjunto de la economía nacional.  Si de algo sirve ver los datos aquí analizados es que un país como Bolivia debe pensar con gran antelación cómo aprovechar los futuros auges y cómo con ellos se puede lograr muchísimo más de lo que ahora está ausente en la formación de una base económica sólida.

Alberto Bonadona Cossío es economista.

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