Economía de papel

Bolivia entre gigantes y enanos

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sábado, 28 de julio de 2018 · 00:10

Para exponer los logros del modelo económico, social, comunitario del gobierno del MAS se exhibe como récords imbatibles cifras referidas al crecimiento del PIB desde 2009. Ese año Bolivia alcanzó crecer a una tasa de 3,36% frente a la gran parte de países latinoamericanos que no alcanzaron una cifra positiva en este indicador.

  Esa situación, sin embargo, en un año que la economía mundial estaba inmersa la gran recesión de los 2000, inspiró a algunas autoridades a calificar a la economía boliviana de blindada. Se la mostró como la de mayor crecimiento en el continente, cuando Uruguay, con 4,24%, superó el crecimiento del PIB boliviano. Por cierto ni ésta, ni la uruguaya, en el mundo no existe una economía blindada. La economía mundial reflejó el descenso infringido por la recesión, que partió de los países más industrializados un año antes, 2008, y su impacto se sintió en todas las latitudes un año después.

  Todavía en 2008 Bolivia creció a una tasa de 6,14%, un récord para Bolivia, pero no para el continente. El mismo año Panamá creció en 9,86%, Perú en 9,13%, Paraguay y Ecuador en 6,36%. Ranking que coloca a Bolivia en quinto lugar. Por supuesto, este año no forma parte de las comparaciones en las exposiciones oficiales. 

 En los años 2014 al 2017, efectivamente, Bolivia ocupa el primer lugar en crecimiento de América del Sur con tasas que descienden del 5,4 al 4,19% en ese período. Pero si se ve un poco más al norte, República Dominicana alcanzó tasas que descendieron desde 7,36% al 4,55% y Panamá desde 5,06% al 5,36%. Durante el mismo periodo superaron a Bolivia. 

 El punto es: Bolivia no crece de la manera espectacular con la que resalta la propaganda oficial y se coloca, en los hechos, en una tasa de crecimiento mediocre. Condición que es común, con algunos años excepcionales, para el conjunto de América Latina.

  Este tipo de comparaciones, como se puede apreciar, se utilizan para demostrar logros que en los hechos son parciales o de muy pobre alcance. Reflejan una perspectiva particular de la teoría económica. De manera consecuente con esta visión impregnada de la concepción utilitarista, base fundamental de la teoría neoclásica, liberal, neoliberal o procapitalista, se podría publicar el crecimiento del ingreso per cápita. 

 En la evolución desde 1970 hasta 2001, Bolivia tuvo un ingreso por persona superior al de China. Entre 1970 y 1979 superó a Botsuana. Posterior a los respectivos años señalados, ambos países (China y Botsuana) superan a Bolivia con crecimientos exponenciales y alcanzan, en 2017: China con 8.690 dólares por persona y Botsuana con  6.820; mientras Bolivia tan sólo llega a 3.130, por persona.

 Comparación que al incluir otras dos economías, Corea y Hong Kong,  revela el insignificante crecimiento de la economía boliviana. En 1970 Corea tenía un ingreso por persona similar al de Bolivia y Hong Kong, cuatro veces superior. En 2017 Corea presenta un ingreso per cápita ocho veces superior al de Bolivia y Hong Kong 14 veces más grande. ¿Por qué Bolivia no creció como lo hicieron esas economías? Estuvo cerca de esos gigantes y se quedó enana. Ahora intenta lograr algo con fórmulas trasnochadas del siglo XIX y XX y una visión neoclásica. 

 El potencial de Bolivia, en realidad, está en otra dirección y es tiempo que gobernantes y gobernados se percaten que hay que alinear la educación hacia el desarrollo agrícola y tecnológico. La investigación y la innovación para que lo que se produce –gracias a la naturaleza que le dotó de una extraordinaria biodiversidad a este territorio– se integre con la producción de productos manufacturados derivados, precisamente, de esa prodiga naturaleza. 

 Estos productos manufacturados producidos industrialmente generarán empleos y mejores ingresos, vinculados con un mercado internacional que necesita de lo que Bolivia puede producir. Así, Bolivia, en un futuro que debe ser planificado en muchos detalles, llegue a ser un gigante.  

 Tan sólo tener una población educada con lo elemental ayuda a mejorar la calidad de vida, pero no es suficiente. La educación debe ser orientada a lo que la economía boliviana pueda desarrollar lo que ahora es tan sólo potencial. 

 Bolivia exporta cerebros ahora porque no existe la concepción clara ni la planificación que visualice su integración con el desarrollo económico, social y protector del medioambiente. Existen otras áreas y sectores económicos que, por supuesto, deben ser incorporados en la visión a mediano y largo plazo que Bolivia requiere. Esta la explotación racional de sus bosques (cubren cerca del 70% del territorio boliviano) y el desarrollo del turismo.

 También se deben incorporar medios para financiar este desarrollo con equidad y eliminar las trabas burocráticas, que nacen de un funcionamiento arcaico del aparato estatal. El desafío es grande y el detalle que exige debe ser atendido minuciosamente para asegurarse que el futuro no depende exclusivamente de un caprichoso y volátil mercado internacional de materias primas, que condena a economías, como la boliviana, al enanismo.

 

Alberto Bonadona Cossío es economista.
www/abceconomia.com

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